LA ANTIGUA HEREJÍA DONATISTA CONTINUA HOY EN ALGUNAS IGLESIAS
¿Como identificarla?

Si has sido bautizado por derramamiento, conforme a la institución de Cristo, y al llegar a otra iglesia te exigen bautizarte por inmersión para recibirte como miembro y darte la cena del Señor, son dos cosas muy negativas: están enseñando una falsa doctrina [el rebautismo] y practican el SECTARISMO DENOMINACIONAL, o sea, en otras palabras, no reconocen la iglesia universal de Cristo. Mas claramente, esa denominación, o esa iglesia, o esos pastores en especifico, cualquiera sea el caso, están practicando la antigua herejía DONATISTA.

El Donatismo fue un movimiento cismático iniciado en el siglo IV d.C por Donato, obispo de Cartago. Básicamente, este movimiento daba validez a los sacramentos de acuerdo a la moral y la vida intachable de los sacerdotes que los administrasen. Llevándolo a nuestros días, esta variante donatista del bautismo no es exactamente por la moral y vida intachable del ministro, sino que la validez del bautismo seria solamente si fue administrado por un ministro, el cual cree que el bautismo solo se administra a los adultos profesantes y por inmersión. Son ministros e iglesias que rechazan el bautismo administrado en la infancia y por afusión o aspersion del agua en lugar de la inmersión. Para las iglesias y ministros que entienden esta variante donatista del bautismo, las personas que fueron bautizadas en su infancia por aspersion del agua, sencillamente no estan bautizadas, su bautismo no es valido y entonces les exigen ser bautizadas de nuevo bajo sus creencias denominacionales. Entendemos que la validez del bautismo no la da una denominación, o un ministro por ser echa por inmersión solo en la adultez, sino que la validez del bautismo proviene de su institución hecha por Cristo conforme a la Palabra de Dios, esto es, en nombre de la Trinidad divina, usando agua como símbolo y no excluyendo a los niños hijos de los creyentes, los cuales, por la promesa del Pacto estan comprendidos con sus padres en la Iglesia y son parte de ella.
A continuación presentamos lo que dice nuestra Confesión de Fe acerca del Bautismo, con su respectiva base bíblica la cual aparece en forma de referencia numérica en el texto.
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I. El bautismo es un sacramento del Nuevo Testamento, instituido por Jesucristo1, no sólo para admitir solemnemente en la iglesia visible a la persona bautizada2, sino también para que sea para ella una señal y un sello del pacto de gracia3, de su injerto en Cristo4, de su regeneración5, de la remisión de sus pecados6, y de su entrega a Dios por Jesucristo, para andar en novedad de vida7. Este sacramento, por institución propia de Cristo debe continuarse en su iglesia hasta el fin del mundo8.

1. Mt. 28:19. 2. 1 Co. 12:13. 3. Ro. 4:11, Col. 2:11, 12. 4. Gá. 3:27, Ro. 6:5. 5. Tit. 3:5. 6. Mr. 1:4. 7. Ro. 6: 3, 4. 8. Mt. 28:19, 20.

II. El elemento externo que ha de usarse en este sacramento es el agua, con la cual ha de ser bautizada la persona, en el nombre del Padre, del Hijo y del espíritu Santo1.

1. Mt. 3:11, jn. 1:33; Mt. 28:19, 20.

III. No es necesaria la inmersión de la persona en el agua; y el bautismo es correctamente administrado por la aspersión o efusión del agua sobre la persona1.

1. Hch. 2:41, 16:33; Mr. 7:4; he. 9:10, 19-22.


IV. No sólo han de ser bautizados los que de hecho profesan fe en Cristo y obediencia a Él1, sino también los niños hijos de uno o de ambos padres creyentes2.

1. Mr. 16:15, 16; Hch. 8:37, 38. 2. Gn. 17:7, 9; Gá. 3:9, 14; col. 2:11, 12; Hch. 2:38; ro. 4:11, 12; 1 Co. 7:14; Mt. 28:19; Mr. 10:13-16; Lc. 18:15.


V. Aun cuando el menosprecio o descuido de este sacramento sea un gran pecado1, no obstante, la gracia y la salvación no están tan inseparablemente unidas a él que no pueda una persona ser regenerada o salvada sin el bautismo2, o que todos los que son bautizados sean indudablemente regenerados3.

1. Lc. 7:30 con Ex. 4:24-26. 2. Ro. 4:11, Hch. 10:2, 4, 22, 31, 45, 47. 3. Hch. 8:13, 23.

VI. La eficacia del bautismo no está ligada al preciso momento en que es administrado1; sin embargo, por el uso correcto de este sacramento, la gracia prometida no sólo se ofrece, sino que realmente se manifiesta y se otorga por el Espíritu Santo a aquellos (sean adultos o infantes) a quienes corresponde aquella gracia, según el consejo de la propia voluntad de Dios, en su debido tiempo2.

1. Jn. 3:5, 8. 2. Gá. 3:27, tit. 3:5; Ef. 5:25, 26; hch. 2:38, 41.

VII. El sacramento del bautismo ha de administrase una sola vez a cada persona1.

1. Tit. 3:5.

(Fuente: Confesión de Fe de Westminster, Capitulo 28)

Felipe Gonzalez / Presbítero reformado