Posts etiquetados ‘confesion de pecados’

santa cena 2Generalmente se hace una vez al mes. Es una ceremonia sencilla y breve. El pastor casi siempre dice lo mismo.Lo cierto es que quizás estas cosas hacen que los creyentes no mediten en la importancia de la cena del Señor y pase a ser como algo rutinario, que hay que hacer apurados para terminar el culto e irnos a casa a ver el partido de fútbol o de baloncesto. 

Lo cierto es que no por sencilla, breve y periódica esta ceremonia sacramental debería ser tomada como a la ligera pues tiene profundos y ricos frutos espirituales para los creyentes los cuales quisiera compartir con los lectores de IGLESIANDO.

1).- ES UN PRIVILEGIO SER INVITADOS POR EL SEÑOR A SU MESA. 

En la ultima pascua de Jesús se instituye la cena. Una sale de la otra como una continuidad sacramental solo cambiando algunas cosas como que ya el cordero no era necesario comerlo mas pues iba a ser sacrificado una vez y para siempre. Una sale de la otra porque el Pacto es el mismo, solo cambio la forma externa del sacramento. Así tambien sucedió con la circuncisión y el bautismo. El Señor no manda a “id y haced discípulos a todas las naciones, circuncidandolos….” sino a “id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos”(Mateo 28:19). Así mismo, en el aposento alto de Jerusalem, el Señor, rodeado de sus discípulos, partió el pan y les dio, sirvió el vino y les extendió la copa pidiéndoles que hicieran eso en memoria de El (Lucas 22:19). Ya no son solo sus doce discípulos, la mesa del Señor se ha llenado de invitados por El, todos esos discípulos de todas las naciones se acercan a su mesa a participar del pan y de la copa. Ya la mesa no esta solo en Jerusalem, sino que ha sido puesta delante de todas las naciones, por lo tanto, es un privilegio que no deberíamos tener en poco, sino participar con gratitud y gozo….. ¿Con que actitud participas de la cena?

2).- LA CENA ES SEÑAL Y SELLO DE LA GRACIA DE DIOS MOSTRADA EN SU PACTO

Los sacramentos son señales externas, visibles, de la gracia de Dios. Es lo que Agustín de Hipona le llamaría en su tiempo “palabra visible”. Ellos son tambien sellos que aseguran como Dios en su liberalidad y gracia derrama esas bendiciones sobre el pueblo de su Pacto (Romanos 4:11). El sacramento de iniciación es el bautismo, el sacramento de continuidad es la cena. Por lo tanto, cada vez que la cena del Señor es servida en la Iglesia es una confirmación de la gracia del Pacto de Dios con su pueblo. Cuando tomamos la cena, entre otras cosas, estamos confirmando nuestra permanencia y continuidad en el Pacto de Dios con su pueblo. ¡Que bendición tan grande!

3).- LA CENA ES OPORTUNIDAD DE CONFESIÓN, ARREPENTIMIENTO Y RENOVACIÓN

La cena del Señor tambien nos da la oportunidad de ordenar nuestras vidas conforme a la Palabra de Dios. La Palabra nos llama a participar de ella dignamente (1 Corintios 11: 27-34) ¿que es participar dignamente? Si en la cena estamos haciendo memoria del sacrificio del Señor por el pecado no se supone que debamos participar de ella con pecados inconfesos. Entonces, es tiempo de revisar nuestras vidas y confesar todo pecado, arrepentirnos de ellos, si hay litigios o pleitos con otros, ponernos a cuentas y reconciliarnos. Muchos se cohíben de participar de la cena porque no han arreglados sus cosas, porque consideran que esa es la solución: no participar, pero esa no es la solución. No participar de la cena es una afrenta tan grande como no arrepentirnos de los pecados. Porque la cena no es opcional para el creyente, es un mandato (1 Corintios 11: 24-25), entonces, no participar de la cena es desobediencia, lo cual es pecado. ¿Cual entonces es la solución? ¡deberíamos hacer las dos cosas! Confesar, arrepentirnos y participar.

4).- LA CENA ES COMUNIÓN

En primer lugar, es comunión con nuestro Señor (1 Corintios 10:16). El nos llama a participar de su mesa porque somos sus hijos y tenemos comunión con El. En segundo lugar, comunión con el resto de nuestros hermanos de la congregación local (Hechos 2:42). En tercer lugar, comunión con el resto de nuestros hermanos alrededor del mundo, la Iglesia universal de Cristo (1 Juan 2:2).

Antes de cerrar mi escrito, creo que se imponen aquí las palabras dichas por el reformador Juan Calvino en su exposición acerca de la cena del Señor. Considero que fueron escritas con el corazón de  un pastor.

Calvino2Los frutos de la Santa Cena
      Nuestras almas pueden sacar de este sacramento gran fruto de confianza y dulzura; pues tenemos testimonio de que Jesucristo, de tal manera es incorporado a nosotros, y nosotros a Él, que todo cuanto es suyo lo podemos llamar nuestro; y todo cuanto es nuestro podemos decir que es suyo. Por eso con toda seguridad nos atrevemos a prometernos la vida eterna y que el reino de los cielos en el que Él ha entrado no puede dejar de ser nuestro, como no puede dejar de ser de Jesucristo; y, por el contrario, que no podemos ser condenados por nuestros pecados, puesto que Él nos ha absuelto de ellos, tomándolos sobre sí y queriendo que le fueran imputados, como si Él los hubiese cometido. Tal es el admirable trueque y cambio que Él, meramente por su infinita bondad, ha querido hacer con nosotros. Él, aceptando toda nuestra pobreza, nos ha transferido todas sus riquezas; tomando sobre sí nuestra flaqueza, nos ha hecho fuertes con su virtud y potencia; recibiendo en sí nuestra muerte, nos ha dado su inmortalidad; cargando con el peso de todos nuestros pecados, bajo los cuales estábamos agobiados, nos ha dado su justicia para que nos apoyemos en Él; descendiendo, a la tierra nos ha abierto el camino para llegar al cielo; haciéndose hijo del hombre, nos ha hecho a nosotros hijos de Dios.
(Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, IV, XVII, 2)

Estoy seguro que la próxima vez que se sirva la cena del Señor en tu iglesia, te vas a acordar de estos 4 frutos espirituales y yo me voy a gozar con eso.

En el amor de Cristo, vuestro consiervo,

Felipe Gonzalez

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