Tuvimos necesidad mi esposa y yo de ir al Banco a hacer un tramite. En los Bancos uno puede satisfacer ciertas necesidades “por fuera”, pero hay otras gestiones que es necesario entrar “adentro” del Banco para ser atendido por un especialista. Desde afuera uno tiene acceso a ciertos servicios del Banco, pero hay otros servicios especializados que solo uno tiene acceso desde dentro.

Entramos a nuestro Banco y habia en la misma entrada un cartel que decia “ESTAS EN CASA”. Es la verdad, asi lo hacen sentir a uno. Nuestra pequeña hija nos acompañaba, solo tiene 19 meses pero ya corre en vez de caminar, y habla muchas palabras adelantandose un poquito a su edad. Enseguida capto la atencion de todos en el Banco, corrio por todos los pasillos, entro en todas las oficinas al compas de las risas de los funcionarios del Banco que le hicieron hasta regalos. Una de las funcionarias la cargo y estaba plena de felicidad porque mi hija le gusto mucho el collar que tenia puesto y se lo tocaba con sus manitos. Aunque yo estaba tambien corriendo detras de ella,  me puse a meditar que yo no podia hacer aquello. Al instante me hubieran regañado por entrar a las oficinas, reir a carcajadas sin inhibicion, correr por los pasillos, o tocarle el collar a una funcionaria……hasta hubieran llamado a los guardias de seguridad para sacarme del Banco por acoso sexual con la funcionaria. No pude evitar recordar un versiculo biblico: “…de cierto les digo, que si no se vuelven y se hacen como niños no entraran en el reino de los cielos.” (Mateo 18:3).

Nosotros somos hijos de Dios, ese es nuestro status. Pero nuestra relacion con Dios a veces no es como hijos, sino como extraños. Tratamos con tanto respeto a nuestro padre que no lo parece, sino el Director del Banco que acabamos de encontrar vestido con un traje negro. Dios quiere nuestra reverencia, pero quiere nuestra risa, quiere que le tratemos con confianza, quiere que nos comportemos como hijos, no como extraños. El quiere que le digamos ¡Abba padre! que traducido del arameo al castellano seria como decir ¡papiiiiiiiiii….!!!!. Jesus trato asi a su Padre, (Marcos 14:36) ¿por que no lo hacemos nosotros? En eso, los niños nos aventajan. Mi hija solo me dice ¡Papiiiiiiiiiiiiiii…!!!! que a veces me taladra el oido, pero me siento contento.

Cuando ya me iba del Banco, pensaba que ahora en este tiempo estamos teniendo acceso a nuestro hogar celestial desde afuera. Podemos disfrutar de todos los beneficios de nuestro status de hijos, pero desde afuera. Un dia, vamos a entrar y vamos a “estar en casa”, entonces como mi hija, vamos a correr riendo por todos los pasillos, y vamos a disfrutar todas las bendiciones de nuestro  hogar celestial desde dentro, mientras nuestro Padre celestial nos mira gozoso desde su trono y se complace en ver a todos sus hijos reunidos como niños disfrutando del gozo de su padre. Ya no habra mas llanto, mas dolor, mas tristeza, mas enfermedad.

Ese dia todos vamos a estar en casa.

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