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Ignorada, muy criticada, mal comprendida, y mucho menos estudiada. El bautismo de los niños de la iglesia es una doctrina tabú para muchos, malestar para otros, y rechazada desde el prejuicio antiromanista para la gran mayoría. Lo cierto es que esta doctrina forma parte de la doctrina bíblica, apostólica y reformada. El error anabaptista del bautismo ha sustituido esta verdad bíblica, y hace que muchos creyentes crean que están en lo correcto privando a sus hijos pequeños del bautismo bíblico.

Con el propósito de traer luz al tema y despejar muchos prejuicios es que traemos esta porción del libro “Las Bases Bíblicas para el Bautismo de Infantes” de D. H. Small. Considero este resumen como bastante abarcativo para mostrar la relación que hay entre el Pacto de Dios, la iglesia, y el bautismo de los niños. Los argumentos son contundentemente bíblicos, y la explicación es clara. No se puede separar el bautismo de los niños de la iglesia visible y a su vez separar ambos del Pacto de Dios con su pueblo.

Que Dios lo use para que muchos creyentes puedan comprender que han estado dando coces contra el aguijón, y que bautizar a nuestros hijos en la iglesia no es un error, ni una tradición romanista, sino un mandato de Dios para su pueblo. Un mandamiento basado en el amor que tiene por sus corderitos mas pequeños.

En el amor del Señor,

Felipe

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pecado originalEL PACTO, LA IGLESIA, Y EL BAUTISMO DE LOS NIÑOS*

Adán fracasó como cabeza representativa de cuya responsabilidad dependía el destino de la raza. El no cumplió su parte en los términos del convenio. Violó y anuló el pacto de obras cuando prefirió ejercitar una voluntad independiente. Adán se convirtió en una criatura por completo indigna, sujeta solamente a juicio. Tal obstinación por parte del hombre, la criatura, atacaba a Dios como Dios. El pecado es esencialmente, por creación, independiente del Creador; algo mucho peor que la indiferencia a los derechos soberanos de Dios sobre el hombre. El pecado se engendra cuando la criatura actúa fuera de los términos de obediencia establecidos en el pacto por Dios.

La mayor consecuencia del pecado de Adán consistió en que, habiéndosele puesto en el rango de cabeza representativa de la raza, la culpa de su pecado fue cargada a su posteridad. Con absoluta certeza enseña Pablo en Romanos 5: 18-19 que la culpa de Adán fue transferida a su raza. Todos los hombres se encuentran en la misma relación en que estuvo Adán con respecto a Dios, por virtud del principio de imputación. Las Escrituras exponen claramente que este principio fue establecido por Dios. El pecado de Adán se imputa a su posteridad. Aquí aparece la parte opuesta de la condición del pacto, que prometía bendición a la posteridad de Adán como resultado de la obediencia. A causa de la culpa de Adán todo el género humano es culpable delante de Dios; condenado por la transgresión de Adán. Pensemos: ¡El hombre es condenado por el pacto! Fue por medio de un pacto divino como el hombre encontró una ocasión para pecar contra Dios e incurrir en la condenación divina. Contra tal posibilidad se establece la gloriosa alternativa de que por medio de otro pacto más, el hombre encontrará oportunidad para su restauración y bendición. El último fin puede ser, entonces, la más alta bendición posible: la bendición de una relación redentora con Dios.

Pero desde el momento que Cristo, como Representante del Hombre, cumplió el pacto de obras, este quedó invalidado por el pacto de la gracia, y es solamente el pacto de gracia el que rige la buena acogida del hombre por Dios. Ya que Cristo mismo satisfizo las condiciones impuestas al hombre, Dios es libre de conceder toda bendición al hombre. La condición única impuesta ahora al hombre es que él debe reconocer su extrema necesidad por el pecado, y depositar toda su confianza en el sacrificio expiatorio del Salvador. De esta manera, Dios distingue entre los que se beneficiarán por el sacrificio de Cristo, y los que no recibirán dicho beneficio. Este es, seguramente, un pacto de gracia, pues Dios con benevolencia permite a un Fiador cumplir nuestras obligaciones, ¡y Dios mismo provee ese Fiador en la Persona de Su propio Hijo! Una distinción que hagamos aquí, podrá servir posteriormente para aclarar la diferencia entre el eterno pacto de redención, hecho en el pasado de la eternidad dentro de la Divinidad, y el pacto de gracia, hecho en el tiempo con el hombre pecador. Recuérdese que el pacto de la redención fue trilateral. Se estableció dentro de la Deidad cuando las tres Personas Divinas llegaron a un acuerdo trilateral, asumiendo cada una un papel específico que concordaba juntamente en el Gran Plan. El pacto de gracia sigue y desarrolla el pacto eterno de redención. Es unilateral; su institución no depende del hombre en forma alguna. Lo que Dios decretó hacer, El mismo se encarga de hacerlo. El se compromete hacia el hombre en una garantía del pacto. Es unilateral porque se origina solamente en Dios; sus condiciones y beneficios están establecidos solamente por Dios, e impuestos al hombre por Dios. La elección divina asegura el hecho de que habrá ciertos beneficiarios de este pacto de gracia, y que la redención está efectuada en los elegidos por el Espíritu Santo. ¡Lo que Dios quiere está asegurado por la elección divina! Pero decir que este pacto de gracia es unilateral, no quiere decir que es incondicional. Dios impone también una condición al individuo: esta debe ser la respuesta del arrepentimiento al pecado y la fe en el Salvador.

Tal vez la idea de un pacto unilateral, con una condición impuesta por una parte sobre la otra, se comprenda mejor viéndola por analogía. Hágase la siguiente: los padres pueden proveer financieramente por su hijo estableciendo un fideicomiso. Pueden estipular, sin embargo, que el monto del depósito le será otorgado solamente con la condición de que los primeros $8,000.00 sean usados por el niño para asegurar su educación universitaria. El niño puede perder su derecho al depósito por rehusarse a concurrir a la Universidad; está en su derecho. Esto hace imposible llevar a cabo el propósito del fideicomiso; pero de ningún modo la cancelación altera el propósito de los padres que tomaron el fideicomiso; ni lesiona la buena fe del ofrecimiento inherente a los términos del contrato. Nótese también que hasta que el hijo se rehúsa a satisfacer las condiciones del fideicomiso, se presume que él será el beneficiario del contrato, y se le trata como si efectivamente así fuera a ser. Del mismo modo, un heredero del pacto de gracia puede renunciar a sus derechos de pacto rehusando arrepentirse del pecado y recibir al Salvador. Esto lo hace con toda responsabilidad cuando ya está en edad. Obrando de esta manera nulifica el pacto, por lo que respecta a cualquier beneficio que le concierna; pero con ello no altera la institución del pacto de gracia hecho por Dios. Como veremos, el aspecto práctico de esto se ve en la presunción de que los niños, que son herederos de padres creyentes, tienen que recibir, como es de presumirse, la gracia ofrecida y han de ser considerados de acuerdo con esto.

Enseguida del diluvio Dios prometió nunca volver a juzgar a la tierra en esta forma. Antes bien, ante el igual rechazo, cada vez mayor de la creciente multitud del pueblo, Dios hubo de separar una familia y llamarla para sostener la promesa del pacto. Una comunidad que pactaba iba a formarse. La comunidad que pactaba iba a ser una nación que pactaba. Es interesante sólo el notar que, en la forma novo testamentaria de la comunidad del pacto, el pueblo de Dios es llamado linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido. (Véase I de Pedro 2: 9). También es interesante tan sólo observar que, como en el principio, la promesa del pacto fue universal, así en Cristo la promesa del pacto vuelve a ser promesa universal para todo el género humano.

ABRAHAM

Se dio un paso básico cuando Dios llamó a Abraham. Con él se estableció en la tierra la comunidad del pacto. De Abraham provendría un pueblo escogido. Esto se manifiesta primero en Génesis 15: 1-18. Dios dio a Abraham las condiciones para establecer tal comunidad del pacto: una iglesia terrenal hecha con un pueblo apartado del mundo OXYGEN Communication Companion Vol 12incrédulo que los rodeaba, por la redención gratuita de Dios. Esta comunidad del pacto, la familia de Abraham, llegaría a ser una iglesia que un día abarcaría a una nación distintiva. El establecimiento de la comunidad del pacto con Abraham marcó el principio de una iglesia institucional, cualquiera que sea la definición verdadera de una iglesia. Dios le dio vida a la comunidad del pacto en este punto de la historia de la redención, e hizo a Abraham cabeza de ella. Dios se prometió a Sí Mismo con Abraham y con su posteridad en esta relación de pacto, estableciéndola sobre Sus invariables promesas. Desde el tiempo en que formó por primera vez una comunidad terrenal de pacto con Abraham, Dios ha tenido siempre una iglesia sobre la tierra, perpetuando las promesas del pacto por medio de esa Iglesia.

En los tiempos anteriores a Abraham había lo que podría llamarse “la iglesia del hogar”, pues había familias en las que la verdadera religión de la fe en el pacto encontró expresión. Pero, como podría esperarse, las bendiciones espirituales se hicieron mucho más patentes por el establecimiento de la comunidad del pacto con Abraham. Progresivamente a través de la historia del desenvolvimiento del pueblo del pacto de Dios, hay una comprensión y aplicación mejores. Pero debido a que Abraham fue la primera persona con quien Dios estableció el pacto en términos de una comunidad del pacto distinta, se le llama a él, con derecho, “el padre de todos los creyentes”. (Romanos 4: 11).

A medida que la familia de Abraham se desarrolló en las doce tribus, el pacto se reafirmó. Y cuando las tribus formaron la nación de Israel, Dios las separó de todas las naciones de la tierra. El mismo hecho de que la nación se haya formado fue por acuerdo divino. Israel, como nación, fue entonces el pueblo elegido de Dios, constituyendo Su reino terrenal y Su iglesia. Israel fue una teocracia, una nación directamente gobernada por Dios. Ellos, en reciprocidad, habían de gobernar en el nombre de Dios; guardarían Sus mandamientos; sostendrían Su culto; y se constituirían en Sus testigos en el mundo. Como parte central de su culto, Dios les señaló ordenanzas tanto sacramentales como no sacramentales. Las ordenanzas sacramentales eran señales y sellos de la relación del pacto.

MOISÉS

En la dispensación Mosaica la iglesia y el estado se identificaban. Ninguno podía ser miembro de uno sin ser miembro del otro. La nación no era más que la comunidad del pacto. La marca que certificaba a cada miembro varón como integrante de la nación, era la misma que lo identificaba como miembro de la congregación del pacto: la circuncisión. Durante el gobierno de Moisés se nombraban ancianos, a quienes se les daba autoridad oficial en asuntos de estado. Los sacrificios, las fiestas, y aún la Pascua, eran simultáneamente promesas nacionales y religiosas. La iglesia en la nación fue especialmente creada para mantener vivo, de generación en generación, el conocimiento de las promesas redentoras de Dios. Y el principio para la perpetuación del pacto de relación era a través de los herederos de las promesas del pacto: los hijos de los creyentes que llevaban la señal y el sello del pacto.

El pacto establecido con Moisés era esencialmente el mismo que se estableció con Abraham. La forma era diferente y moisestambién su administración; pero la unidad de los dos pactos se expresa en pasajes tales como Salmo 105: 8-10: “Acordase para siempre de su alianza, de la palabra que mandó para mil generaciones, la cual concertó con Abraham y… a Israel por pacto sempiterno”. Recuérdese: Israel no existía en la época de Abraham; Israel comenzó con Moisés y en el Éxodo. Si el pacto con Moisés fue un pacto de obras, como algunos insisten, entonces no era un pacto de gracia. Es fácil confundir la Ley que fue impuesta a Israel con el pacto de salvación. El pueblo de Israel era salvo por gracia, no por obras de la ley. La ley y sus consecuencias le fueron impuestas como un elemento condicional agregado al pacto, pero no para la salvación. Las bendiciones externas se hicieron incidentales para el cumplimiento de la Ley. (Deuteronomio 28: 1-14), pero la Ley fue dada con un propósito doble, en conexión con el pacto de gracia: (1) para aumentar la conciencia del pecado y la subsecuente necesidad de gracia (Romanos 3: 20; 4: 15; Gálatas 3: 19-21); y (2) para ser un ayo para llevarnos a Cristo. (Gálatas 3: 24).

Esto es discutido por los que no pueden ver la unidad del pacto de la gracia como el único medio por el que Dios está ejecutando, en el tiempo, el eterno pacto de la redención. Algunos oponen la dispensación de Moisés a la de Cristo para separarlas por completo, olvidando prácticamente la verdad de que todos han sido salvos por sólo la gracia, desde Adán hasta la última persona en la presente dispensación. Hay un camino de salvación, un pacto, y un Mediador y Salvador. La etapa de la revelación del Antiguo Testamento que es normativa para la comprensión de los propósitos redentores de Dios, no es la Mosaica, sino la de Abraham. Es la promesa hecha a Abraham que sigue adelante a través de la dispensación de la Ley de Moisés y hasta el presente. Especialmente Gálatas 3, que enseña que el pacto de Abraham es el mismo pacto bajo el cual los creyentes son salvos. Explícitamente se enseña que el pacto de Moisés no hace a un lado, en ningún sentido, al pacto hecho con Abraham.

La institución de la Ley fue, después de todo, esencial secundariamente para la revelación del pacto hecha a Abraham. Esto debería ser claro ante algunas referencias del Nuevo Testamento. En Romanos 5: 20, por ejemplo, leemos: “La Ley empero entró para que el pecado creciese”. El período de la Ley en Israel fue, por así decirlo, un largo paréntesis en la historia de la redención, interpolado entre la promesa para Abraham y su cumplimiento por Cristo. “Porque si la herencia es por la Ley, ya no es por la promesa; empero Dios, por la promesa, hizo, la donación a Abraham. ¿Pues de qué sirve la ley? Fue puesta por causa de las rebeliones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa”.  (Gálatas 3: 18-19). No necesitamos sino recordar la primera palabra de Dios a Moisés, cuando le llamó desde la zarza que ardía para hacer de él el gran libertador de Israel: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Esto es muy claro en conexión con los nuevos principios de vida nacional y religiosa después del último regreso de Israel del Exilio en Babilonia bajo la dirección de Esdras y Nehemías; “Levantaos, bendecid a Jehová vuestro Dios, desde el siglo y hasta el siglo; y bendigan el nombre tuyo, glorioso y alto sobre la bendición y alabanza… Tú eres, oh Jehová, el Dios que escogiste a Abram, y lo sacaste de Ur de los Caldeos, y pusiste el nombre Abraham. Y hallaste fiel su corazón delante de ti, e hiciste con él alianza… y cumpliste tu palabra, porque eres justo”. (Nehemías 9: 5, 7, 8). Aquel pacto subsidiario, hecho posteriormente con Moisés, no podía anular ni alterar el pacto anterior dado a Abraham. “Esto, pues, digo: que el contrato confirmado de Dios para con Cristo, la ley que fue hecha cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa”. (Gálatas 3:17). Al pacto de Abraham se le hizo adición, por la administración Mosaica, de ciertas ordenanzas locales y temporales. Pero por ningún motivo ampliaba, disminuía o cambiaba en forma alguna el carácter original de la existencia y derechos de la iglesia. La iglesia, bajo el régimen anterior y bajo el régimen del evangelio, está constituida, por lo que se refiere a su carácter y membrecía, por el mismo pacto de gracia. Ella constituye la misma sociedad en su naturaleza, sus privilegios esenciales, y sus verdaderos miembros.

La prominencia del pacto es tan grande, que a las palabras de Dios se les llama “las palabras del pacto”. Las ofrendas, el sábado, etc., se instituyeron como señales de la alianza perpetua. (Véase Números 18: 19: Éxodo 31: 16; II Reyes 23: 3; II Crónicas 34: 31). A las Escrituras se les llama “el libro del pacto”. A la sangre de los sacrificios se le llamaba “la sangre del pacto”. (Éxodo 24: 8; Hebreos 9: 18-21). Los textos por citar son innumerables. En cada etapa importante de la revelación de Dios referente a Su plan redentor, se hace énfasis en el pacto. En la época de los Jueces el tema del pacto es sobresaliente. (Jueces 2: 1-20, etc.). Dios renovó Su pacto con David. (II Crónicas 13: 5). En su último canto, David cantó al pacto. (I Crónicas 16:14 ss; II Samuel 23: 3-5). Salomón celebra la fidelidad de Dios a Su pacto. (I Reyes 8: 23 c). En el reinado de Joachás, Dios es misericordioso para con los israelitas en virtud de Su promesa de la alianza. (II Reyes 13: 22-23). Las oraciones intercesoras tanto de Jeremías como de Daniel están basadas en el pacto. (Jeremías 14: 20 ss.; Daniel 9: 4). Muchos otros casos podrían citarse, pero estos son suficientes para establecer el punto.

DESARROLLO DEL PACTO EN EL NUEVO TESTAMENTO

El pacto de gracia, como se revela en el Nuevo Testamento, es el mismo esencialmente. Es enteramente impropio representar los dos Testamentos como si formaran un contraste esencial, según se ha hecho algunas veces en enseñanzas extremas de las dispensaciones. Esto resultaría evidente de una consideración cuidadosa de Romanos 4 y Gálatas 3. La expresión “nuevo pacto” está debidamente explicada por el hecho de que su administración difiere en un número de formas, haciéndolo “nuevo” desde el punto de vista del pacto Mosaico o pacto “antiguo”, frente al cual se erige en cuanto a su administración. Por ejemplo, bajo la dispensación del Nuevo Testamento la promesa del pacto es universal, extendiéndose a todas las naciones, y no sólo a Israel. Cuando la iglesia se identificó con Israel, la nación, y Dios estaba probando a la iglesia como una teocracia, la bendición universal prometida a través de Abraham fue por un tiempo determinado, aún cuando posteriormente se añadió la Ley por un tiempo. Pero esta particularidad desapareció una vez que hubo cumplido su propósito. La Dispensación del Nuevo Testamento trae bendiciones mucho más ricas corno consecuencia de la venida del Salvador y el descenso del Espíritu Santo para habitar en el creyente, y formar la iglesia como el cuerpo de Cristo. Su dispensación difiere en una forma apropiada a una iglesia que reflexiona sobre la expiación consumada por Cristo. Hoy la iglesia tiene un Sumo Sacerdote celestial; la completa revelación del evangelio en Cristo. La iglesia ya no es nacional. La Ley que fue añadida en el tiempo de Moisés ya no está en vigor. Así, en muchos respectos, la ampliación de las bendiciones del pacto constituye el pacto en la nueva dispensación, un pacto “nuevo”. Sin embargo es esencialmente el mismo pacto de gracia, que es el fundamento de la redención para los creyentes de todos los tiempos.

Para algunos persiste el problema: ¿Cómo puede ser un pacto y muchos pactos en uno y simultáneamente? ¿Cómo podía el pacto de gracia ser el “antiguo” pacto antes de la venida de Cristo, y el “nuevo” pacto después de que El vino?

Hay un pacto de gracia básica en el fondo; este es el pacto de relación entre un Dios misericordioso y una raza pecadora. Esto da continuidad a todos los acuerdos redentores de Dios con el hombre; pero la forma de relación del pacto sufre suficiente cambio en su administración, como para justificar distinciones en la Escritura. Podemos hablar de la forma edénica del pacto, o de la forma abrahámica, o de la forma mosaica, o de la forma novo testamentaria La virgen María vio, en el nacimiento de su hijo, la fidelidad de Dios en conexión con Su promesa del pacto. Ella se regocijó en el pacto hecho con Abraham. (Lucas 1: 50-55). Sil-neón también expresó su fe en el cumplimiento del pacto. Zacarías, el sacerdote padre de Juan el Bautista, canta el cumplimiento del pacto: “Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo. Para hacer misericordia con nuestros padres, y acordándose de su santo pacto; del juramento que juró a nuestro padre Abraham”. (Lucas 1: 68-79). Malaquías había dicho que Cristo cumpliría el pacto (Malaquías 3: 1), y esto lo confirma abundantemente el Nuevo Testamento (Hebreos 7: 22; 8: 6; 9: 15; 12: 24). En Hechos 13: 32 y ss. Leemos que Su resurrección tuvo lugar en virtud de la promesa del pacto. Cristo afirmó que Abraham se gozó por ver Su día. (Plan 8: 56 sigts. Cf. Lucas 24: 27). Pablo también asegura que el evangelio fue predicado de antemano a Abraham. Consecuentemente, a los hebreos se les describe como los que habían esperado en Cristo antes de su venida, porque ellos recibieron el evangelio. (Gálatas 3: 8; Efesios 1: 12). Así también, cuando el Espíritu Santo vino con poder sobre los apóstoles en Pentecostés, notamos cuán a menudo cita nuevamente en sus primeras predicaciones públicas a Abraham y a la iglesia de su casa. Como los constructores maestros de la iglesia bajo la dispensación del Nuevo Testamento, los apóstoles parecen restituir todas las peculiaridades temporales de la legislación mosaica, para construir nuevamente sobre las líneas del pacto de gracia como se estableció con Abraham y su simiente, para siempre. Fue el punto de partida del discurso de Esteban. (Hechos 7: 2-8). El pacto fue el centro en el primer sermón de Pedro después del Pentecostés. (Hechos 3: 12-26). Pablo habló delante de Agripa de la conexión entre la promesa hecha a Abraham y la esperanza de Israel durante el período Mosaico: “La esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres; a la cual promesa nuestras doce tribus… Esperan que han de llegar”. (Hechos 26: 6-7). Así, el pacto es el punto de partida para la defensa de Pablo ante Agripa.

Pablo afirma la permanencia del pacto (Gálatas 3: 17), y enseña que los creyentes cristianos son los hijos de Abraham. (Gálatas 3: 7, 26, 29; 4: 21, 23, 28). El creyente es justificado por la misma fe como lo fue Abraham, y recibe las mismas promesas. (Romanos 4). Los gentiles son extraños al pacto, y deben ser traídos a él por conversión. (Efesios 2: 12). Las condiciones de salvación reveladas en el pacto permanecen iguales. (Génesis 15: 6; Romanos 4: 11; Hebreos 2: 4; Hechos 15: 11; Gálatas 3: 6; Hebreos 11: 9). El escritor de hebreos habla del pacto inmutable. (Hebreos 6: 3-20). Pablo se refiere a los apóstoles como “ministros del pacto”. (II Corintios 3: 6). Y el último eco del pacto se oye en Revelación 21: 3, donde las mismas palabras repetidas tan a menudo en el corazón del pacto, se reiteran por última vez; una consumación apropiada de la revelación bíblica. A pesar de las grandes diferencias al administrar el pacto nueva dispensación, es claramente el mismo pacto de gracia en vigor. Esto se ampliará en la discusión de la iglesia y los sacramentos. Ahora la cuestión crucial es: ¿Qué lugar tienen en la comunidad del pacto los hijos de los creyentes? ¿Es su lugar esencialmente el mismo en las dispensaciones antigua y nueva? ¿Es válido deducir que, ya que los infantes herederos tenían un lugar en las promesas del pacto bajo la antigua dispensación, deben tener uno similar bajo la nueva? ¿Qué evidencia tomada de las ordenanzas sacramentales sostiene tal punto de vista?

PARTE II: PROVISIÓN PARA LOS NIÑOS DE LOS CREYENTES DEL PACTO

EL PACTO DEL EDÉN

Aún desde el primer pacto entre Dios y el hombre, el pacto de obras con Adán, se incluyó a los infantes. Esto está demostrado por el hecho de que las consecuencias de la desobediencia de Adán, se transmitieron automáticamente a sus hijos niños. Esto está perfectamente expuesto en Romanos 5: 12-19. El mismo juicio de muerte que recayó sobre Adán pasó a su simiente. No fue por decisión de los hijos de Adán que ellos fueron miembros de la raza de Adán. No escogieron heredar las consecuencias de las acciones de Adán. Estas relaciones fueron establecidas por Dios, no por el hombre. La unidad de Adán y sus hijos fue señalada por Dios. El hombre iba a ser representado por la cabeza de la raza, quisiese o no. Así el pacto de obras incluyó a los hijos infantes. Todos los hombres son, por naturaleza, hijos de condenación en virtud de su relación natural con Adán. Todos han heredado la naturaleza pecaminosa de Adán, aunque ellos no lo hayan escogido así. La participación de los infantes, como simiente de Adán, en el pacto de obras, trajo la participación de los hijos infantes en la condenación a muerte de Adán. Esto es así por inexorable ley divina. La culpa de Adán se imputa a toda su posteridad. Si alguien objetara que hay algo de arbitrario en imputar sobre su descendencia la culpa de Adán, díganle sencillamente aquí que este gran principio de imputación y representación, es también el fundamento de nuestra redención. La culpa de la raza fue imputada a Cristo y El, como nuestro representante, murió en nuestro lugar. En virtud de Su muerte expiatoria en nuestro favor, la justicia de Cristo se imputa a todo aquel que cree en Su nombre. ¡El principio que maldice a cada niño nacido de la raza caída de Adán, es el mismo principio que forma el fundamento de toda su esperanza!

Como los padres y los hijos eran una unidad dentro del pacto de obras, en el siguiente capítulo veremos que igualmente, por designio divino, son ellos una unidad dentro del pacto de gracia. El uno sigue al otro. Es una ley fundamental en la Escritura que los hijos sean contados junto con los padres.

EL PACTO ESTABLECIDO CON ABRAHAM

Dios estaba dispuesto a establecer con Abraham una comunidad del pacto. Y ya que este pueblo tenía que ser distinto de todos los otros pueblos y naciones, Dios añadió una señal para distinguirlo. Dios requirió de Abraham que pusiera en ejecución el pacto por medio de una ceremonia que dejaría una señal permanente. La señal que Dios determinó para marcar la ratificación del pacto fue la circuncisión. Desde el tiempo de Abraham hasta el establecimiento de la forma de la iglesia del Nuevo Testamento, que seguía la muerte y resurrección de Cristo, quedó la circuncisión como la señal y el sello del pacto de relación. Y desde el mismo principio este sello y señal fue dado no solamente al creyente adulto, sino también a todos los que él representaba, esto es, a sus hijos. La familia estaba representada por el varón mayor, que era el padre. Los hijos infantes estaban calificados para recibir los privilegios y la promesa de la iglesia, sin ninguna otra ceremonia de iniciación o de admisión. El único rasgo del pacto, como se estableció con Abraham y su posteridad, está precisamente especificado en este punto: los descendientes de todas las generaciones han de ser considerados herederos del pacto tan pronto como se inicie su existencia, Eso es, cada hijo de los padres del pacto, al nacer, viene a ser heredero de las promesas del pacto. No era la circuncisión la que constituía al hijo infante como miembro del pueblo de Dios y heredero del pacto. Más bien era un derecho de nacimiento en el seno de una familia creyente en el pacto. La circuncisión, al octavo día, era meramente la señal y el sello de una relación ya existente. La circuncisión certificaba esa relación. A los pequeños se les investía tan explícita y completamente con parte y título en este pacto y en todo cuanto implicaba, como a sus padres. Tenían que ser considerados y tratados como del número de los elegidos. Esta era la presunción natural desde su nacimiento. Que más tarde un hijo llegara a ser incrédulo, era renunciar a los privilegios del pacto y cancelar esa presunción. La circuncisión de un niño no solamente indicaba su propia relación con la familia de sus padres en relación con el pacto, sino que también implicaba que toda su posteridad propia quedaba incluida en el pacto. Esta es la razón por la cual la señal debía ser una operación física en el órgano masculino asociado con la procreación. Si alguna vez un padre rehusaba o descuidaba el circuncidar a su hijo, se decía: “he roto mi pacto”.

LA DISPENSACIÓN  MOSAICA

El pacto hecho con Moisés en Sinaí, y en vigor durante el resto del período del Antiguo Testamento hasta la resurrección de Cristo y la formación, en Pentecostés de la iglesia del Nuevo Testamento, incluyó también a los infantes. La administración del pacto difería muchísimo, pero ya que era una forma esencial del mismo pacto establecido con Abraham, se conservó la misma señal y el mismo sello. Es muy importante comprender que la circuncisión no fue dada primeramente a la dispensación de Moisés, llamada comúnmente la dispensación de la Ley. Más bien continuaba en esa dispensación porque significaba y sellaba el mismo pacto dado a Abraham 430 años antes. Cuando Moisés estaba por dejar al pueblo, se dirigió a ellos como si estuvieran delante del Señor su Dios, con sus hijos pequeños y sus esposas, para entrar en el pacto con el Señor su Dios. (Véase Deuteronomio 29: 9-15).

PROVISIÓN DEL NUEVO TESTAMENTO

En vista del principio sólido de la ratificación y confirmación del pacto a través del Antiguo Testamento, es de esperarse que alguna palabra definida de Dios hubiera de venir al nacer la iglesia cristiana en Pentecostés. Esta palabra podría afirmar la continuación del principio del pacto, o alterarla en algún aspecto específico, o cancelarla por completo. Con toda certeza, los judíos que se hicieron cristianos pondrían serias objeciones a la fe cristiana en este punto. Un principio tan básico no podría dejarse en un estado de incertidumbre. Una de las primeras preocupaciones sería si las provisiones del pacto continuarían o no con respecto a sus hijos. ¿O perderían los hijos los privilegios del pacto de que ya gozaban? ¿Acarrearía la transformación de judíos creyentes a la forma Cristiana de la iglesia la pérdida de los privilegios espirituales de sus niños? Sería difícil exagerar la importancia de este asunto para cada creyente judío que se convertía en cristiano. La respuesta vino en el mismo primer sermón de la nueva dispensación. En Hechos 2: 39 Pedro dice: “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. Pedro primero asegura a los judíos creyentes que la promesa es aún efectiva; no ha habido ningún cambio en el principio del pacto. Entonces Pedro les asegura que la promesa del pacto continúa vigente para sus hijos; en esa provisión no hay cambio ni exclusión. Luego añade Pedro el nuevo concepto del pacto para esta dispensación; un concepto que llegó como un principio enteramente nuevo para los judíos: la promesa será también para todos los que están lejos (esto es: lejos de la comunidad del pacto y de las promesas divinas del pacto). El evangelio es para todos sin excepción ni distinción, desde ahora en adelante. Es para todos los que reconozcan como suyo el nombre del Señor. Y posteriormente Pedro sostiene esta declaración en Hechos 3: 25. “Vosotros sois los hijos… del pacto que Dios concertó con nuestros padres, diciendo a Abraham…” Luego añade: “a vosotros primeramente, Dios habiendo levantado a su Hijo, le envió para que os bendijese…”

En la nueva dispensación, después de la formación de la iglesia en Pentecostés, la predicación de las buenas nuevas se restringió al principio a los judíos. Dios continuó manifestando Su gracia al pueblo de Su pacto. No obstante que ellos crucificaron al Señor Jesús, rechazando oficialmente el cumplimiento del pacto en El, una vez más Dios se volvió a ellos para darles una nueva oportunidad. ¡Cuán grande es Su gracia! El Espíritu Santo había sido dado y la iglesia formada, y el evangelio fue primero a Israel, el pueblo del pacto. Pero pronto se hizo evidente que Israel no se volvería como pueblo, y entonces el evangelio fue dado a los gentiles. A partir de ese tiempo, todos los creyentes adultos llegaron a ser familias del pacto.

Es el propósito expreso de Dios que la promesa de salvación del pacto, vaya normalmente adelante a través de las familias: de padres a hijos. Ha de perpetuarse a través de las generaciones sucesivas de padres creyentes. (“Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El Espíritu mío está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca, ni de la boca de tu simiente, ni de la boca de la simiente de tu simiente, dijo Jehová, desde ahora y para siempre.” Isaías 59: 21). ¡Dios no ordena lo que sólo pueda suceder por casualidad o por una remota posibilidad! Los mandatos de Dios, como sus promesas, están proveídos por Su Altísimo Poder. Dios se mantiene preparado para cumplir Sus propios mandamientos. Sus promesas son Sus acciones. Dios no sólo ha dado la promesa a los hijos infantes de los creyentes, sino que también produjo las condiciones necesarias para que las promesas llegaran a ser efectivas en la vida posterior de esos hijos.

Dos pasajes hay en el Nuevo Testamento que deben traerse a consideración y que se añadirán, con su material, a la presente línea de desarrollo. Tito 1: 6 enseña que un hombre está habilitado para ser anciano de la iglesia cuando, entre otras condiciones, tiene “hijos (niños) que creen” (VR). ¡Dios espera que los hijos de los creyentes sean también creyentes! De todos los hombres piadosos aptos para ser ancianos, no eran elegibles aquellos cuyos hijos acababan de hacerse creyentes ¡No! Dios no es caprichoso. Dios está obrando sobre el sólido principio de que, cuando los padres cristianos cumplan sus obligaciones del pacto en favor de sus hijos, esos hijos no sólo conocerán y entenderán el evangelio, sino que tendrán la gracia de Dios para creer. El sello de una verdadera familia cristiana, de una paternidad realmente cristiana, es la de que los hijos, por la adecuada enseñanza de las cosas de Dios, llegarán a ser cristianos también. Una cosa es creer que los hijos de uno probablemente se salvarán; otra cosa es tener la confianza de que los hijos de uno crecerán como verdaderos creyentes, por la observancia fiel del pacto por los padres cristianos. Este versículo enseña, por inducción, lo que muchos otros pasajes enseñan: que cuando los padres instruyen ardientemente a sus hijos de acuerdo con la palabra de Dios, Dios los honrará dando a esos hijos gracia para creer.

El segundo pasaje se refiere a Pedro y su comisión. Pedro era de oficio pescador. Después de su primera pesca milagrosa, el Señor había dicho: “Seguidme y os haré pescadores de hombres”. La ocupación terrenal de Pedro se hizo el símbolo de su discipulado. En los días anteriores a la ascensión, después de la segunda pesca milagrosa, nuestro Señor llama a Pedro no “pescador”, sino “pastor”. Hay una profunda significación en este cambio de símbolo. Una gran diferencia hay entre el pescador que captura lo que ni ha cuidado ni ha alimentado, y sólo busca lo que se encuentra plenamente desarrollado, y el pastor que pone especial atención y cuidado en las crías. De hecho, al cuidar los corderos, toda su esperanza está puesta en el futuro. Cuánto nos recuerda esto el pasaje relativo a Jesús en forma profética: “Como pastor apacentará su rebaño; y en su brazo cogerá los corderos, y en su seno los llevará”. La figura del pescador no daba lugar al Señor para dirigirse a Pedro con una recomendación especial con respecto a los niños de Su iglesia. La profunda importancia de dar el primer lugar a estos pequeños, se sugiere aún en la disposición del mandato final del Señor a Pedro. Tres veces le dijo: “Apacienta mis ovejas”, pero la primera de estas tres veces, de hecho le dijo: “Apacienta mis corderos”. Lo que el Señor dijo a Pedro atañe particularmente a los padres, quienes tienen sus corderillos para guardarlos y criarlos para El. La orden de Cristo a Su iglesia, a través de Pedro, muestra el lugar que los pequeños tienen en Su corazón. Los niños de los creyentes son los corderos de Jesús. Adviértase que El los llama “mis corderos”. Son suyos por derecho, por ser ellos los herederos del pacto de padres que, a su vez, están dentro del pacto de gracia. ¡Hay muchos pastores para cuidar el rebaño de Dios, pero ninguno que pueda cuidar tan efectivamente a los corderos como los padres! Ellos pueden “apacentar” sus corderos y nutrir su crecimiento espiritual desde la más tierna edad. Los pequeños no pueden encontrar pastura por sí mismos; su vida espiritual depende de la posibilidad de que sus mentes y corazones sean instruidos por pastores fieles. Nótese que la forma en que Pedro podría probar su amor a Jesús, no era solamente diciendo: “Tú sabes que yo te amo”, sino obedeciendo también el mandato de Jesús: “Apacienta mis corderos”. ¿.No enseña esto claramente lo que el verdadero amor paternal y la fe pueden realizar en la vida de los niños? Seguramente. “El secreto de Jehová es para los que le temen; y a ellos hará conocer Su alianza”. (Salmo 25: 14).

Dios ha prometido a los padres creyentes que, cuando ellos hayan instruido fielmente a sus hijos en el Señor, pueden estar seguros de que la gracia de Dios actuará. Los niños tienen la posibilidad de confirmar sus relaciones de pacto en años posteriores, y pueden estar seguros de que la gracia está al alcance de ellos, como herederos del pacto, para confirmarlo y hacer suyas, por fe, las promesas. ¿Qué es la herencia que se les ha prometido a estos niños que recibirán? ¿Es su salvación? Ellos no heredan la salvación, pues la salvación no es hereditaria. Las consideraciones defectuosas a este respecto conducen a la doctrina errónea de la regeneración por el bautismo. Los niños heredan las promesas de Dios. Ellos heredan la seguridad de que el favor de Dios está dirigido hacia ellos porque son hijos de los creyentes. Ellos heredan los privilegios de la iglesia. Y los medios de gracia les corresponden por completo derecho. Son hijos privilegiados y seguramente se encuentran entre los que Dios quiere salvar. Independientemente de cualquier acción propia, se les ha contado en el número a los que Dios desea conferir la gracia salvadora. Este mero hecho es una fuente de gran estímulo; también les impone una gran obligación: la de venir a Dios en acto de fe personal. Aunque los hijos de los creyentes entran en el pacto y sus promesas al nacer; y aunque tienen la’ posibilidad de confirmar ese pacto en arios posteriores por fe; y aunque la gracia de Dios está a su alcance para este propósito; y los medios de gracia están operando para con ellos, no todos ejercitarán verdaderamente la fe salvadora. No todos heredarán la bendición prometida. Pero si alguno de estos herederos por derecho no son salvos eventualmente, no será por razón de que la gracia divina no se les haya ofrecido, sino sencillamente porque sus padres fallaron en sus obligaciones de pacto, o porque ellos, conscientemente, rechazaron a Cristo. ¡Ser un quebrantador del pacto es estar bajo una responsabilidad mucho mayor ante Dios! Dios dará gracia a los hijos del pacto que respondan a su instrucción piadosa, pero ¡ay de los hijos del pacto que, conscientemente, desprecian su herencia del pacto! Por el bautismo, el hijo infante de un creyente se hace miembro de la iglesia visible, con derecho a las ordenanzas externas y medios de gracia aplicables a su capacidad de percepción. El beneficio para él, aunque carente del beneficio de la salvación, tiene indudablemente un gran valor. El niño es puesto en contacto, físicamente, con las bendiciones de Dios para Su iglesia. El niño no se constituye en un miembro del Reino de los Cielos, de la Iglesia que es Su cuerpo, pero está dentro del seno de la iglesia, con sus privilegios y medios de gracia. Es como si el niño bautizado de un creyente asegurara un derecho de propiedad en el pacto de gracia, que años después podrá llegar a ser un derecho de posesión por medio de su fe propia, adquiriendo así un título completo para la salvación personal. El bautismo se convierte en un sello de las bendiciones que, con pleno derecho, pueden esperarse cuando en años subsecuentes el niño confirme su bautismo con un acto de fe personal. En el caso de un adulto, el bautismo es un sello presente de la salvación como bendición del pacto, que es suya por fe; en el caso de un infante, es un sello anticipado de la salvación, como bendición del pacto, que puede ser suya por la fe que pueda tener después.

Estas verdades deben enseñárseles a los niños de los creyentes, o por supuesto de nada les aprovechará colocarlos bajo la señal y el sello del pacto. ¡Y por esto resulta espantoso que incontables millares que participaron del bautismo en su infancia en nuestras iglesias, jamás han sido instruidos en las promesas o en las obligaciones! ¿Podría algo ser de mayor importancia dentro de la vida de la iglesia y de sus familias? No es difícil comprender la reacción negativa de los inmersionistas quienes presencian el rito, aparentemente sin significado, como se practica en un vasto número de iglesias. Es causa de profunda contrición por parte de ministros de las Iglesias Reformadas. Y puede muy bien ser que la preciosa verdad que ellos sostienen, no tenga las bendiciones de Dios sobre ella hasta que haya justamente tal arrepentimiento. La práctica de la iglesia nunca puede ponerse por encima de la predicación del púlpito y de la instrucción dada a los individuos que solicitan la administración de la ordenanza sacramental.

La fe de los padres debe comprender que Dios ansía tomar posesión de los hijos como hijos propios. La fe de los padres debe alcanzar y rodear a sus hijos. Cuando los padres estén convencidos de que sus hijos son indudablemente hijos de la promesa, tendrán la esperanza y el denuedo para la tarea de enseñarlos en la tierra con la perspectiva de su herencia en los cielos. El más notable rasgo del principio del pacto, es que toma posesión del mismo poder de la procreación humana para servicio de la redención, transmitiendo las bendiciones de los padres a los hijos. El principio está ilustrado en el caso de Isaac, hijo de Abraham. A causa de Abraham llegó la bendición a Isaac. Dios afirma a Isaac en Génesis 26: 3, 5: “Te bendeciré… por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes”. El versículo 24 dice: “Yo soy el Dios de Abraham, tu padre; no temas, que yo soy contigo, y te bendeciré… por amor de Abraham, mi siervo”. Isaac fue circuncidado, y la señal y el sello de la promesa del pacto de Dios, fue al mismo tiempo la señal: de la fe del padre en esa promesa. A medida que Isaac creciera, sería para él una señal y un sello de la fe de su padre, y también de la promesa de Dios y de la fidelidad del pacto. Dios establece Su pacto con los padres no sólo para su seguridad en cuanto a lo que El hará, sino también para fortalecerlos en cuanto a lo que ellos deben hacer. Dios ha revestido a los padres con autoridad santa y responsabilidad. Son los años en que la voluntad del niño está en gran parte en manos del padre, cuando el ejercicio amoroso de la autoridad de los padres tendrá una poderosa influencia. Dios espera que esta influencia sirva a los fines del pacto, y El bendice al padre que la ejerce para los intereses del cumplimiento del pacto.

Cristo, nuestra Pascua, es muerto por nosotros, dice Pablo. Los simbolismos de la fiesta Pascual se cumplieron minuciosamente en Cristo. Mientras esto se aborda en otra parte del presente estudio, baste señalar que no estamos autorizados para pasar por alto el detalle que habla de la sangre, como medio para la salvación de toda la casa. ¡Seguramente la figura no guarda tanta verdad en todos sus detalles corno en este! Todavía es derecho y obligación del padre demandar la sangre redentora para toda su familia. “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa, es la palabra del Nuevo Testamento. Esto no quiere decir que los niños se salven de algún modo automáticos, independientes de su fe personal. Pero sí sugiere el principio constante de que la fe del padre puede asegurar las bendiciones de su hijo, siendo el medio de gracia por el cual el niño llegará a conocer a su Señor y a confiar en El. Y nuestra figura de la Pascua enseña que padres e hijos se mantienen unidos bajo la protección de la sangre que es rociada, espiritualmente, sobre el dintel del hogar. Cada año, en Israel, los padres tenían que renovar el rociamiento de la sangre del Cordero Pascual. Ahora la sangre del Cordero de Dios ha sido derramada una vez por todas, y los padres ya no necesitan renovar la consagración de sus familias por acto alguno. Ellos pueden continuamente consagrar sus familias, sin embargo, en la confirmación de su fe en que el Cordero Pascual, Cristo Jesús, ha sido dado por los padres y por sus hijos.

La educación, por supuesto, es más que la enseñanza. Enseñar es hacer que un niño sepa y comprenda; educar es influenciarlo para que él haga lo que sabe que debe hacer. La enseñanza sólo tiene que ver con la mente; la educación tiene que ver con la mente y la voluntad. En los niños los hábitos preceden a los principios; los sentimientos preceden a los juicios. La vida, en su principio, se distingue por su susceptibilidad a las impresiones. El padre busca crear un sentimiento y un hábito favorables a lo bueno y a lo recto. El poder de la educación estriba, no tanto en lo que el padre dice, corno en lo que el padre hace. ¡La voluntad y el ejemplo del padre, mostrando que él escoge, desea y ama lo recto, es la dinámica de la Educación!

PARTE IV. LA IGLESIA COMO LA COMUNIDAD DEL PACTO DE DIOS

UNA IGLESIA A TRAVÉS DE TODAS LAS DISPENSACIONES

iglesia2Difícilmente puede haber alguna duda de que [en Romanos 11] el árbol representa al pueblo redimido de Dios en todas las edades, el cuerpo o comunidad del pueblo que cree, que adora y que testifica: la iglesia. Israel no es la raíz o el árbol, sino más bien las ramas naturales del árbol. Todos los redimidos son uno en la redención del pecado, unidos unos con otros por su unión común con el árbol. Israel abarca las ramas naturales puesto que Dios eligió primero a Israel, como nación, para llegar a ser la iglesia en esa dispensación, una iglesia identificada por un tiempo con la nación, a fin de que pudiera haber una teocracia sobre la tierra. Fue a través de Israel como la bendición prometida a Abraham tenía que alcanzar a todo el mundo. Por medio de Israel, Dios propuso revelarse a Sí Mismo y revelar a su Salvador a todos los hombres. Cuando eso hubiera ocurrido la iglesia aparecería, en todas las edades, más obviamente como una. Pero cuando Israel fracasó en sus funciones por el pecado, Dios cortó a Israel como las ramas naturales, y se hizo necesario un gobierno totalmente nuevo. El olivo no había de morir, ni Dios iba a estar sin una iglesia sobre la tierra. Dios se volvió de los judíos a los gentiles para constituir la iglesia bajo su forma del Nuevo Testamento. Es importante notar que cuando las ramas naturales, Israel, fueron cortadas del árbol, el árbol no fue destruido. ¡De ninguna manera! La raíz, el tronco y la grosura quedaron, y los gentiles sencillamente fueron injertados en el mismo árbol. ¡El árbol es idéntico en sí mismo! ¿Puede algo hablar más claramente de la continuidad dentro de las iglesias en los Testamentos Antiguo y Nuevo? Este es el pueblo redimido de Dios, corporizado visiblemente sobre la tierra como Su comunidad del pacto, Su único testigo en el mundo.

El asunto se afirma cuando Pablo dice que los judíos serán traídos otra vez al árbol: “injertados en su propio olivo”. De manera que realmente no es importante a nuestro estudio, si algunos insisten o no, en diferenciar la iglesia del Nuevo Testamento del Israel del Antiguo Testamento. El punto importante está en que el pacto de gracia se estableció en una comunidad del pacto con Abraham, y es el mismo pacto en que se basa la salvación para todos los tiempos. Así, como Pablo explica tan claramente en Gálatas 3, hay la misma referencia al pacto tanto en el Israel del Antiguo Testamento como en la Iglesia del Nuevo. Esto, a su vez, afecta a las ordenanzas sacramentales que, aunque diferentes en forma, se relacionan una con la otra porque están relacionadas al mismo pacto. El advenimiento del Espíritu Santo, siguiendo al acto redentor de Dios en Cristo, originó una vasta diferencia en cuanto a qué señal y qué sello eran los apropiados.

Lo que sigue en este estudio no se revelará en su fuerza lógica si no logramos comprender, en este punto, la identidad de la iglesia en todos los tiempos. La iglesia del Nuevo Testamento debe verse como la reproducción de la iglesia en el Antiguo Testamento. Esta identidad se ve posteriormente en la relación que Cristo, como Mediador, guarda con la iglesia en todas sus dispensaciones. Desde el principio El ha sido el Profeta, el Sacerdote y el Rey de la iglesia. El es el único Redentor. La salvación es solamente por la gracia de Dios que limpia todo pecado en la sangre de Cristo. En ningún período ha existido la iglesia de Dios, sino por la presencia y el poder de Cristo. En diferentes épocas, Cristo se ha manifestado a Sí Mismo de diferentes maneras, y la participación de dones y bendiciones ha variado desde Su muerte y Su resurrección. Pero el pueblo beneficiario de la gracia redentora de Dios siempre ha sido la iglesia terrenal de Cristo, el Mediador y Redentor.

La iglesia de Cristo, como se presenta en el mundo, tiene un carácter visible y corpóreo, y está poseída por ciertos privilegios externos y ordenanzas, por los cuales se le conoce a’ la vista de los hombres. Esto es enteramente distinto de su carácter interno y espiritual, por el que se le conoce a la vista de Dios. Toda ordenanza externa, como consecuencia de esta situación, se administra a incontables personas que son solamente creyentes nominales. Debemos ver que esto no es razón para tener en poca estima las ordenanzas de Dios.

Como Dios no ha dado al hombre el poder de escudriñar el corazón y conocer la mente, tampoco ha impuesto al hombre ningún deber que implique la posesión de tal poder. En otras palabras, nuestro Señor no ha encomendado a los hombres la tarea imposible de formar una iglesia terrenal que consista exclusivamente de personas regeneradas. Las condiciones de admisión a la iglesia organizada no pueden ser prueba infalible de regeneración. Debe reconocerse, como lo reconocieron claramente los Reformadores, que es absolutamente imposible establecer un principio de trato para los hombres, conforme a su estado a la vista de Dios. No solamente no se nos pide, sino ni siquiera se nos permite, demandar evidencias de regeneración satisfactorias para nosotros mismos, como una condición para aceptar miembros de la iglesia. De modo que mientras a la vista de Dios realmente ninguno es miembro de la iglesia, excepto los regenerados, sin embargo, a muchos que no han sido regenerados del corazón debe considerárseles válidamente dentro de la iglesia. Esta distinción en la práctica no sólo es necesaria e inevitable, sino que sostiene la administración de las ordenanzas sacramentales, también. Preguntar: “¿Quienes constituyen la iglesia a la vista de Dios?” es responder: “El verdadero pueblo creyente de Dios”. Pero luego al preguntar: “¿Quienes constituyen la iglesia a la vista del hombre?” es necesario responder: “Los que profesan creer en Cristo, junto con sus hijos”. El sacramento del bautismo se administra a los adultos por profesión de fe en Cristo, y ante la presunción de que son verdaderos creyentes, verdaderos miembros del cuerpo de Cristo. Se les bautiza sobre la base de una presunción Yeniset baptismhumana. Sobre el mismo principio, el sacramento del bautismo se administra a los hijos de los creyentes. Como herederos legítimos de las promesas del pacto, se presume que son aquellos a quienes Dios dotará con Su gracia salvadora. Se les trata sencillamente como perteneciente a la clase de personas a quienes estamos obligados a considerar como dentro del pacto de las promesas y privilegios. Es absolutamente básico comprender que toda admisión a los privilegios de la iglesia visible, toda administración de las ordenanzas sacramentales dentro de la estructura de la iglesia visible, es sobre el principio de presunción; no sobre un conocimiento infalible. Como B. B. Warfield tan claramente dedujo : tan pronto como sea comprendido claramente que bautizarnos basados en una presunción y no sobre un conocimiento, es inevitable que bauticemos a todos aquellos de quienes, por alguna razón, tengamos una presunción fundada de que pertenecen al pueblo de Dios, y esto seguramente incluye a los niños de los creyentes. Ellos están comprendidos en esa clase general de personas que gozan de los privilegios de la iglesia visible, su culto y su comunión, su instrucción y los medios de gracia. Ellos están, con toda seguridad, entre los que Dios encarga a Su iglesia considerar y tratar como dentro de sus límites, y bajo su vigilancia y cuidado.

LOS SACRAMENTOS DE AMBOS TESTAMENTOS COMPARADOS

  1. Al lado de los sacramentos [circuncisión y Pascua] Israel tenía otros muchos ritos simbólicos, ordenanzas no sacramentales, como las ofrendas y las purificaciones: en tanto que los sacramentos del Nuevo Testamento se mantienen absolutamente solos. No hay ya más necesidad de tipos, porque ha venido Cristo, el Gran Arquetipo.
  2. Los sacramentos de ambas dispensaciones son provisionales. Sin embargo, los sacramentos de la antigua dispensación estuvieron en vigor hasta la venida de Cristo en Su primer advenimiento, mientras que los de la nueva dispensación están en vigencia desde la resurrección de Cristo hasta Su retorno en Su segunda venida. Entonces las promesas contenidas en el pacto se habrán cumplido, y no tendrán más necesidad de ser representadas y certificadas por ordenanzas sacramentales.
  3. Los sacramentos de la antigua dispensación señalaban hacia la venida de Cristo, y fueron señales de la gracia que subsecuentemente habría de obtener a través de Su muerte resurrección. Los sacramentos de la nueva dispensación señalan, en forma retrospectiva, la obra cumplida de Cristo. Estas dos señales son apropiadas a sus respectivas dispensaciones.
  4. Los sacramentos de la antigua dispensación eran sangrientos, anticipando el sacrificio del Salvador. Pero los de la nueva dispensación no lo son. La circuncisión implicaba el derramamiento de sangre, y la Pascua era un sacrificio sangriento. La sangre del pacto eterno ha sido derramada, una vez por todas, en el sacrificio del Señor Jesucristo, el Cordero del Calvario. Ahora ya no hay más derramamiento de sangre en las ordenanzas sacramentales de la iglesia.
  5. En el llamado único de Israel, los sacramentos tenían un aspecto nacional a la vez que espiritual. Esto era lo apropiado, puesto que Dios llamó a Israel para formar una teocracia, una iglesia en una nación. Pero estas bendiciones nacionales y materiales tienen carácter adicional e incidental respecto a las más fundamentales y permanentes bendiciones espirituales. Lo que era fundamental y esencial se retuvo en los sacramentos de la nueva dispensación.
  6. Las bendiciones de la antigua dispensación, como se representan por las ordenanzas sacramentales, fueron sucedidas por bendiciones mucho más grandes en la nueva. Esto está en completo acuerdo con la abundancia de gracia disponible desde la muerte, resurrección y ascensión de Cristo, y el don del Espíritu Santo a la iglesia.

Los padres obran en representación de su hijo cuando hacen que se cumpla el rito de la circuncisión. El niño contrae por ellos la obligación del pacto. Los padres, de ese modo, reconocen su propia responsabilidad y expresan su fe en que Dios cumplirá en esos hijos Sus promesas del pacto. Es obvio que por ningún acto personal de ellos puedan los hijos infantes de los creyentes llegar a apropiarse de los privilegios de la iglesia, de la misma manera que sus padres. Existe sin embargo, el principio familiar de representación, como consecuencia del cual los infantes, en ciertos casos y para ciertos fines, son considerados uno con sus padres, y por este parentesco llegan a tener derecho a los privilegios de sus padres. Vemos este principio representativo en la sociedad civil, cuando como consecuencia de ser contados con sus padres, los infantes se hacen miembros de la sociedad civil de la que el padre es miembro, y su posición civil es la misma que la de él. Vemos este principio en la providencia de Dios, porque por virtud del parentesco con su padre, los hijos heredan sus características. La herencia no es algo que los hijos elijan. Así, también, los hijos son hechos uno con el padre en la culpa y castigo de su pecado, participando de su naturaleza pecaminosa. Ya hemos estudiado el principio de la imputación, y también el principio de la relación de los padres como vehículo de la gracia de Dios. Parece claro, entonces, que Dios trata con los hijos infantes sobre el principio representativo, cuando aún no puede tratar con ellos por el principio de la responsabilidad personal. Dios formó su iglesia visible para incluir a los hijos infantes de los creyentes, así como a los creyentes mismos, y lo hizo, no en conexión con algún posible acto personal de losDavid baptism infantes, sino en conexión con el acto de sus padres. La membrecía del padre se tenía en cuenta para los hijos, y la circuncisión del padre daba derecho al infante para ser circuncidado también. El hijo crece llevando la marca del pacto, la señal y el sello de la misericordiosa promesa de Dios para él. Al recordar siempre que es un hijo del misericordioso pacto, se enfrenta con el requerimiento de que él cumpla sus obligaciones. También se le recuerda que sus propios hijos nacerán sin la relación del pacto, y que ellos también tendrán que llevar la señal y cumplir las obligaciones. El pacto de relación del hijo, primero ratificado por los padres cuando sometieron a sus hijos a la señal y al sello, más tarde ha de confirmarlo el hijo cuando esté capacitado para expresar verdadero arrepentimiento y fe. En Israel, siempre que un niño repudiaba por sí mismo el pacto, se le excluía tanto de la familia como de la congregación.

Nuestro Señor cumplió el pacto de sangre de la redención cuando derramó Su sangre preciosa en el Calvario. De acuerdo con Hebreos 13: 20 fue “la sangre de un pacto eterno”. Como nuestro Representante, El llevó la marca del pacto en su propio cuerpo, y El mismo dijo: “La circuncisión no es de Moisés, sino de los padres”. En otras ocasiones, en Su propia circuncisión, El no estaba cumpliendo la Ley sino el pacto hecho con Abraham y su posteridad. Pero identificándose más El Mismo con el pueblo por la circuncisión (y más tarde con el bautismo de Juan para arrepentimiento), Jesús se preparó a Sí mismo para instituirse como su Representante. Como tal fue al Calvario y allí cumplió el pacto en Su propia sangre. Hay una lección profundamente instructiva en un pasaje poco comprendido en Éxodo 4 que habla de la falla de Moisés al no circuncidar a su propio hijo. La ira de Dios se inflamó contra Moisés. Éxodo 4: 24-26 dice: “Y aconteció en el camino, que en una posada le salió al encuentro Jehová, y quiso matarlo. Entonces Séfora cogió un afilado pedernal, y cortó el prepucio de su hijo, y echólo a sus pies, diciendo: ‘A la verdad tú me eres un esposo de sangre’. Así lo dejó ir luego”. Si la sangre de la circuncisión no hubiera sido derramada, entonces se hubiera requerido la sangre de Moisés. La señal y el sello del pacto no eran asuntos de poca monta. El hombre puede dar por hecho que puede prescindir de ellos; pero es, de cualquier manera, una orden divina. La ignorancia es una cosa, pero los padres que conocen la verdad del pacto, no deben despreciar o considerar a la ligera sus privilegios y obligaciones.

Entre otras cosas, la circuncisión señala la impureza de la naturaleza humana debida al pecado, y especialmente la impureza que se transmite del padre al hijo. El pecado reside en la naturaleza del hombre caído. La circuncisión enseñó que la descendencia física de Abraham no era suficiente para hacer verdaderos israelitas. La propagación no es un proceso pecaminoso como tal, pero su producto lo es. Es decir la naturaleza humana es inmunda desde su propia fuente, y la naturaleza humana no puede llegar a existir sin la mancha del pecado de los padres. Una de las inducciones es que mientras que Dios ha prometido un Redentor, y que ese Redentor debe ser tanto hombre como Dios con el propósito de ser Representante del hombre, la naturaleza humana es incapaz de producir la Semilla prometida. Así la circuncisión fue la señal y el sello de un hecho extremo, a saber, que Dios estaba comprometido por una promesa del pacto a proporcionar de entre la raza esa Semilla redentora, ya que la naturaleza humana no podía producir esa Semilla. La solución divina a este problema palpable se presenta con el nacimiento virginal de Cristo.

Es importante reconocer que la circuncisión se efectuaba, normalmente, sólo en los hijos infantes. La circuncisión de adultos se realizaba sólo en los prosélitos o conversos, como los llamaríamos, y esto era relativamente raro. No eran herederos legítimos del pacto, y cuando eran considerados dentro del pacto por aceptar la fe de Israel, particularmente la fe en el Redentor por venir, entonces, como adultos conversos, se les certificaba por la circuncisión. El mismo principio se sostiene en la dispensación cristiana. Hay bautismo de hijos infantes de creyentes como normalmente se administra en las Iglesias Reformadas. Hay también el bautismo de adultos conversos que entran a la relación del pacto y a la iglesia visible, como la comunidad del pacto, por la fe en el Señor Jesucristo.

¿Por qué a Abraham se le exigió creer para recibir la señal, cuando que su hijo Isaac la recibió antes de estar capacitado para creer? Sencillamente, porque el adulto que no es miembro del pacto debe primero conocer y creer para entrar en él y recibir su señal. Y puesto que Abraham fue el primero con quien Dios entró en el pacto de relación e impuso una señal del pacto, la fe de Abraham tenía que preceder a la señal. El tuvo que llenar los mismos requisitos que ahora se aplican a los adultos conversos. Pero Isaac estaba en la misma posición de todos los niños nacidos en familias del pacto. Como heredero de la familia del pacto era elegible para recibir la señal. No hay que equivocarse; la única base para el bautismo de los infantes y de los adultos, por igual, es su relación al pacto de gracia. Para los adultos conversos el bautismo sigue a la fe, y es la señal y el sello que representan y certifican esa fe. Para los hijos infantes de los creyentes, sin embargo, el bautismo precede a la fe, es la señal de que ellos son herederos del pacto de la promesa, y significa que es el medio de gracia para traer ese niño a la fe en Cristo. Los que niegan el bautismo de los niños, tienen consistencia sólo si niegan también la circuncisión de los niños del pacto antiguo. Cualquier argumento empleado en contra del bautismo de los niños puede aplicarse, con igual fuerza, a la circuncisión de los niños. Sin embargo, la práctica del Antiguo Testamento ratifica la práctica del Nuevo Testamento. Se puede ver la falacia al argüir que el bautismo de los niños es una necedad porque el niño no sabe lo que está ocurriendo. Esta objeción pone en tela de juicio la sabiduría y las instrucciones de Dios. ¡Pues si es necedad rociar un poco de agua sobre la cabeza de un niño en un rito de pacto, es entonces criminal mutilar a un niño, por la circuncisión, en un rito de pacto! ¡Concedido que el niño no sabe lo que está ocurriendo o por qué, pero los padres sí saben! ¡Y Dios también! Y en los años venideros el niño lo sabrá. Nadie discutirá que el Antiguo Testamento enseñaba: la circuncisión “de sólo los creyentes”. Asimismo debe verse, que mientras el Nuevo Testamento enseña el “bautismo del creyente”, no enseña el “bautismo exclusivamente del creyente”. La inferencia del Nuevo Testamento se basa sólidamente sobre hecho y principio del Antiguo Testamento. La única conclusión lógica de que es el mismo principio y práctica debe sostenerse verdadera en la nueva dispensación, a menos que haya una revocación expresa. Puesto que no hay tal revocación, la analogía entre la circuncisión y el bautismo la exige la doctrina bíblica del único pacto de gracia, y la identidad esencial de la iglesia a través de todas sus distintas dispensaciones, como comunidad del pacto de Dios. Es igualmente un argumento falaz que las Escrituras exijan la fe antes del bautismo. Las escrituras indudablemente requieren la fe y el arrepentimiento antes del bautismo—pero ¿para quién? ¡Para los adultos, naturalmente! De nadie más que de los adultos demanda la Escritura el arrepentimiento y la fe. No puede uno inferir que lo que se requiere necesariamente de los adultos, deba requerirse de los que no son adultos. ¡Esto no es lógico, sino ilógico! Es principio de lógica que, puesto que una conclusión se deriva de ciertas premisas, no debe exceder la conclusión a las premisas. Sobre este principio, las condiciones de bautismo requeridas a los adultos, sólo pueden provocar una conclusión que concierna a los adultos. Nadie puede probar lo erróneo del bautismo infantil, probando que el bautismo de los adultos sea correcto. Tal vez pueda ayudarnos una ilustración. La Escritura dice que “si alguno no quisiere trabajar que tampoco coma” (II Tesalonicenses 3: 10). ¡De hecho esto es un mandato! Pero aplíquese algo de la tan llamada lógica y véase lo que sucede. Los infantes no pueden trabajar. Por consiguiente, ¿no deben comer? Oh, no! ¿Por qué no? Porque esto obviamente no puede aplicarse a los niños. Pero ¿por qué no se puede? Porque esto no se aplica a quienes son incapaces de trabajar; y los niños infantes no pueden trabajar. Alguien puede insistir que no dice que sólo es aplicable a los adultos. Y nosotros debemos replicar que no es necesario que lo diga, puesto que se infiere obviamente. Así el mandato se limita por una deducción natural. ¿Es esto legítimo? Sí, naturalmente que lo es. Tomemos el caso correspondiente al bautismo.

El arrepentimiento y la fe son aplicables solamente a los que son capaces de arrepentimiento y de fe. Así, este requisito no tiene aplicación alguna a los infantes, pues no pueden arrepentirse ni tener fe. Los requisitos aplicables a los niños deben encontrarse en alguna otra parte. En otras palabras, de acuerdo con nuestro principio de lógica, si los niños infantes no están incluidos en la premisa, los infantes no pueden estar comprendidos en la conclusión. Debemos insistir en que las Escrituras que sólo pueden aplicarse a los adultos, no pueden usarse para quienes no son adultos. Puesto que este es un punto importante, consideraremos otra ilustración de la Escritura. Leemos en Romanos 2: 25: “Porque la circuncisión en verdad aprovecha, si guardares la ley; mas si eres rebelde a la ley, tu circuncisión es hecha incircuncision”. Ahora, lo ilógico sería proceder en esta forma: La circuncisión aprovecha si guardas la ley; pero los infantes no pueden guardar la ley, por lo tanto su circuncisión no les aprovecha absolutamente. ¡Qué ridículo! O tómese la segunda mitad del versículo y aplíquese el mismo sistema ilógico: Si eres un infractor de la ley, tu circuncisión es hecha incircuncision; pero los niños no pueden quebrantar la ley, por consiguiente su circuncisión no puede ser hecha incircuncision. ¡La misma falta de lógica puede probar, en el mismo versículo, que la circuncisión de los infantes es ambas cosas: nada y algo! La verdadera lógica exige que las condiciones del pacto aplicables a los adultos no deban aplicarse a los infantes. Las dos categorías de receptores, adultos e infantes, deben mantenerse separadas.

Es significativo, al considerar la transición de la señal de la antigua dispensación a la señal de la nueva, que la señal del pacto puede aplicarse ahora tanto a varones como a hembras. Esto no era posible en la antigua dispensación; pero no era necesario puesto que el varón, jefe en la familia, representaba espiritualmente a la familia. Cuando Pablo dice: “no hay varón ni hembra” lo hace en una sección dedicada a mostrar que las distinciones antiguas se habían eliminado, y que es parte de la enseñanza de los más amplios beneficios de la nueva dispensación. El culto ya no es función exclusiva del varón como cabeza del pacto de familia. Entre los muchos cambios en la administración del pacto bajo la nueva dispensación, está el de la administración de la señal y el sello del pacto igualmente para el hombre y la mujer. Debemos no sólo enfatizar el hecho de que los padres en el pacto asumen obligaciones en favor de sus hijos bautizados, sino que reciben también misericordiosas seguridades. Dios honra la fidelidad al pacto por parte de los padres, con Su propia fidelidad al pacto. El traerá a sus hijos a la fe en el Salvador y a la confirmación personal de su pacto de relación. Los hijos seguramente recibirán aquello que se prometió, si sus padres guardan sus votos del pacto y educan a sus hijos en el conocimiento del Señor y en Su Salvación. Según respondan los hijos a Dios desde sus primeros años, así se añade a la gracia.

moderacion de comentariosSILENCIO DEL NUEVO TESTAMENTO SOBRE EL BAUTISMO DE LOS INFANTES

Muchos discuten la validez del bautismo de los infantes sobre una sola base: el silencio del Nuevo Testamento en lo que se refiere a ilustraciones concretas. Tenemos unos pocos ejemplos de bautismos de familias aún por investigar; pero fuera de ellos el silencio del Nuevo Testamento parece ser un fuerte argumento. Sin embargo, el argumento del silencio es decepcionante; lo que parece que puede probarse por el silencio puede resultar justamente lo opuesto. Vamos a tratar ahora de probar que este puede ser precisamente el caso en el asunto del bautismo infantil. No son pocas las características doctrinales del Nuevo Testamento, cuyos principios descansan en el Antiguo Testamento y que dan enseñanzas específicas en el Nuevo Testamento, del todo innecesarias. Por ejemplo, la relación del pacto que incluye a los infantes es un principio establecido tan a fondo en el Antiguo Testamento como para no necesitar enseñanza específica en la nueva dispensación, a menos que sea para introducir alguna alteración. En otras palabras, a no ser que un estatuto expreso de revocación y prohibición del anterior privilegio se produzca, la conclusión natural e innegable es que el antiguo permanece vigente. Este es un principio básico en el estudio del Nuevo Testamento en todo lo que se relacione con el Antiguo Testamento. Y en lo que respecta al bautismo en particular, no hay una sola palabra que sugiera la revocación del principio establecido. En ninguna parte se sostiene que en el tiempo del Nuevo Testamento se haya establecido algún estatuto de limitación que alterara el carácter de la iglesia, como para restringirla sólo a la membrecía de los adultos. El silencio del Nuevo Testamento y la ausencia de cualquier revocación semejante, parecen ser prueba poderosa de la continuación del principio básico del pacto, que hace de los hijos de los creyentes, herederos de la promesa del pacto y de sus privilegios. ¡Esto ha sido siempre, y continuará siendo, el corazón mismo del tratado redentor de Dios con el hombre! El Antiguo Testamento estableció el principio, y el Nuevo Testamento provee suficientes pruebas de que este principio no ha sido abrogado. Esta parece ser una forma lógica de tratar el extenso cúmulo de evidencias de este tipo. Una manera más para evaluar el silencio del Nuevo Testamento, es considerar el hecho de que no hay ilustraciones de bautismo de adultos hijos de padres cristianos, educados por ellos en el hogar cristiano y traído al pacto. Tales casos ya podían haber sido posibles en la época en que se escribió el libro de los Hechos. La ausencia de tales relatos es evidencia suficiente de que no había, al parecer, bautismos de adultos que hubiesen crecido dentro de familias del pacto. Es de presumirse que habían sido bautizados cuando eran infantes. Todos los relatos del Nuevo Testamento son de bautismos de cristianos conversos. Todos estos eran adultos. En materia de bautismos de familias, no se sugiere que se haya excluido del bautismo a los que no hubieran alcanzado cierta edad. En ninguna parte se indica tal problema.

El libro de los Hechos bosqueja el programa misionero de la iglesia primitiva. Los conversos se multiplicaban y sin embargo, extrañamente, la cuestión de quién había de ser bautizado no ocasionaba ninguna dificultad notable. Pero supongamos que la nueva dispensación excluyera a los hijos de los creyentes, cambiando la posición que disfrutaban bajo la antigua dispensación. E imaginemos que este fuera el caso cuando las iglesias eran sólo los hogares, donde los hijos estaban al lado de sus padres, durante el tiempo de los cultos. Recuérdese que la iglesia se llamaba “el hogar de la fe”. Y recuérdese que la mayoría de los cristianos eran entonces judíos, que habían sido instruidos en todas las enseñanzas y prácticas de Israel. Ahora supongamos que, al hacerse cristianos, estos judíos pensaran que sus hijos perderían sus privilegios del pacto. El que los padres recibieran a Cristo significaría, automáticamente, una pérdida espiritual para los hijos menores en la familia. ¿Puede imaginarse por un momento, que semejante cosa pudiera ocurrir sin ninguna enseñanza específica en el Nuevo Testamento? ¿Y especialmente sin ninguna demanda o protesta de conversos o rabies? No obstante, no hay protesta alguna consignada, por la sencilla y suficiente razón de que no había tal desviación del principio establecido. Si esto significa algo, el silencio es evidencia de la continuidad del principio del pacto.

A modo de ilustración, podría decirse que no hay órdenes dadas para admitir a las mujeres a la Mesa del Señor; sin embargo, este es un derecho universal de las mujeres cristianas, porque se sostiene que es una deducción obvia. Desde el momento en que el Nuevo Testamento declara que no hay diferencia entre hombre y mujer en la nueva dispensación, y puesto que las mujeres han recibido la gracia salvadora y se les bautiza como tales, se infiere que también ellas tienen derecho a venir a la Mesa del Señor. Esta no es una concesión hecha sobre el principio de una orden explícita; es una concesión basada en el principio de la inferencia. Este principio es operante dentro de muchas consideraciones de la práctica del Nuevo Testamento, y es válido en la discusión del bautismo. Entresacamos tina cita de “Los Niños Para Cristo” del consagrado cristiano Andrew Murray: “Hay verdades que creemos y deberes que nos constriñen, para los cuales no hay un solo capítulo claro, ni un versículo que puedan ser citados. Tomemos nuestra santificación del primer día de la semana, en vez del séptimo, como lo requiere el cuarto mandamiento. Debido a que no hay mandamiento claro para el cambio, tenemos hombres que insisten en sostener que sólo ellos obedecen verdaderamente el mandamiento de Dios al guardar el séptimo día. Y tales servidores de la letra rehúsan escuchar o comprender la enseñanza del Espíritu en la Escritura, sobre la cual la iglesia, sin ningún mandamiento literal, funda la santificación del día del Señor. Así es, justamente, en lo referente a la cuestión entre el bautismo de los infantes y el de los adultos. Aunque no hay ningún mandamiento literal para bautizar a los pequeños, el estudio de la Palabra de Dios, como un todo, claramente da a conocer tanto la base sobre la cual descansa, como las razones por las cuales no se necesita un mandamiento literal sobre el asunto : que el Espíritu Santo guía a los hombres que se han entregado enteramente para seguirlo en aprendizaje y obediencia para encontrar en la Palabra de Dios la seguridad íntima de que el bautismo de los niños está de acuerdo con su voluntad”.

TESTIMONIO DE LOS PADRES DE LA IGLESIA PRIMITIVApadres-de-la-iglesia-8

Es significativo notar, en conexión con este estudio, que nueve de doce padres de los primeros 200 años D. C. se refieren al bautismo de infantes como la práctica de la iglesia de aquel tiempo primitivo. Esto establece un hecho histórico muy cierto. Cómo estos mismos padres hayan interpretado los hechos, es otra cosa, pues hubo muchos errores que surgieron dentro de la iglesia durante ese período. Ireneo fue discípulo de Policarpo, y Policarpo había sido discípulo de Juan el apóstol. Tal vez esto influya en el hecho de que Ireneo fue el primer gran teólogo bíblico, después de los apóstoles. Es difícil sacar cualquiera otra deducción de las declaraciones de Ireneo, en cuanto a que él creía que el bautismo de los infantes se había establecido mucho antes de sus días. El dijo: “Cristo vino a salvar por medio de Sí Mismo a todos los que por medio de El nacen de nuevo a Dios: infantes y niños, muchachos y jóvenes y viejos”. Qué tan completamente haya caído Ireneo en el error de la regeneración por el bautismo, es incierto. De Tertuliano se dice con frecuencia que había preferido solamente el bautismo de los adultos, y que había escrito en contra del bautismo de los infantes. Esta actitud perteneció a un período en el desarrollo de su teología y corresponde a los días en que él se oponía con mayor fuerza a las prácticas heredadas de la iglesia. Tertuliano confundió el poder del Espíritu Santo con el rito externo, exponiendo así una doctrina de regeneración por el bautismo. Esto causó que en determinado tiempo objetara el bautismo de algunos que no tenían suficiente edad para comprender todo su significado. Debe recordarse, sin embargo, que Tertuliano en ninguna otra ocasión refutó la práctica, y más tarde la reconoció y la aceptó. (De Anima, 39). Podemos estar seguros, dada la instrucción del hombre, de que si Tertuliano hubiera afirmado que el bautismo infantil había sido una innovación reciente, más bien que una práctica establecida hacía mucho tiempo, desde el tiempo de los apóstoles, ciertamente él no hubiera vacilado en utilizar tal hecho para convencer a sus contrincantes, durante el período de su oposición doctrinal.

Orígenes viene, tal vez, una generación después de Tertuliano. En su comentario sobre Romanos y en su décima cuarta homilía sobre San Lucas, sostiene el testimonio del hecho de que el bautismo ordinariamente se administraba a los infantes desde los tiempos apostólicos.

En “Diálogo con Trifón”, de Justino Mártir (132-140 D.C.), se enseñaba que el bautismo cristiano tomaba el lugar de la circuncisión y del bautismo de los prosélitos. De hecho, muy tempranas evidencias de que el bautismo cristiano se interpretaba como una circuncisión espiritual, se encuentran en la literatura clementina, especialmente en Las Predicaciones de Pedro, donde se ve que a los bautizados no se les permitía comer en la mesa común con los no bautizados ; regla que se aplicaba tanto a padres como a hijos. Esto claramente suponía el bautismo de los hijos, si ellos habían de vivir y comer en un hogar cristiano. Cipriano también igualó la circuncisión con el bautismo infantil. Discutió con un tal Fido sobre la oportunidad para aplicar el bautismo, y decidió que debía ser lo más pronto posible. Hipólito (215-217 D.C.) en la “Tradición Apostólica” relaciona el bautismo cristiano con el bautismo de los prosélitos, de tal modo que claramente abarca el bautismo infantil. El también afirmó que el bautismo infantil era apostólico. Las leyes de la iglesia primitiva hablan también del bautismo infantil (Testamentum Domini, 2: 8; la tan llamada Orden de la Iglesia Egipcia, 16: 4-6; los llamados Cánones de Hipólito, 19: 112-114, y las Constituciones Apostólicas, 6: 15. etc.). No hay evidencias, en parte alguna dentro de la iglesia primitiva, que pudieran sugerir que el bautismo infantil no fuese una práctica apostólica desde el mismo principio. Posteriormente Agustín declaró que ningún concilio ordenaba el bautismo de los infantes, sino que esta práctica había venido desde los tiempos apostólicos, añadiendo que él nunca oyó o leyó de alguien en la iglesia que sostuviera lo contrario. De modo significativo, ni en las controversias donatistas ni pelagianas se atacó al bautismo infantil. El error de la regeneración por el bautismo, fue una de las muchas falacias teológicas que se introdujeron durante el período de los Padres de la Iglesia. El error que ha prevalecido en la teología regular de la Iglesia Romana, de que el bautismo de los infantes quita el pecado original, tuvo sus raíces en las primeras deserciones a la enseñanza bíblica. Pero estos hechos no son base para sostener el cargo de que el bautismo infantil fuera la causa del error o el resultado del error. Esta generosa suposición puede llenar al propósito de aquellos que están buscando algún sostén para oponerse a la práctica; pero no bastará para los que insisten en una teología completa del pacto, de la iglesia, y de las ordenanzas sacramentales.

PARTE VIII: CAPACIDAD DE LOS NIÑOS PARA RECIBIR LA GRACIA SALVADORA

Los niños no necesitan llegar a la edad adulta para poder ser participantes de la gracia salvadora. Ellos pueden crecer en el entendimiento y la obediencia de la fe. En sus años tiernos se les puede llevar al conocimiento del Salvador. Desde sus primeros años puede enseñárseles que tienen un Padre Celestial, que ya ha extendido a ellos su gracia. Es posible que crezcan dentro de la educación cristiana, de manera que nunca puedan precisar en qué día empezaron a creer en el Señor, hasta donde su capacidad les permite. Esto no quiere decir que no haya épocas de duda y de rebelión;bautismo de infantes pero sí significa que con cada nuevo conocimiento de sí mismo y del pecado, y del Salvador y de su gracia, habrá una tendencia disciplinada hacia el arrepentimiento y la fe. El crecimiento de los hijos demostrará el resultado de la educación paterna en la fe. La fe de los hijos responderá al sello de Dios en su bautismo. Pues los padres les enseñarán que Dios los ha sellado con el propósito de que sean Su propiedad, y estos padres fieles estarán orando porque el pacto se cumpla. El que Dios cumpla fielmente su pacto será la petición principal de los padres, al orar en favor de sus hijos. Ellos descansarán en la promesa de Dios : “Mas la misericordia de Jehová desde el siglo y hasta el siglo sobre los que le temen, y Su justicia sobre los hijos de los hijos ; sobre los que guardan Su pacto, y los que se acuerdan de Sus mandamientos para ponerlos por obra” (Salmo 103: 17-18). No puede uno menos que preguntarse que si a la iglesia no se le estará haciendo perder tiempo precioso y energías, tratando de rescatar a los hijos de los creyentes, perdidos a causa del fracaso de los padres. Algunos padres, tal vez la mayoría, no han sido instruidos con propiedad en cuanto a sus responsabilidades y privilegios para con sus hijos. Ellos no saben cómo educarlos en la fe y en la práctica de la vida cristiana. Otros padres no conocen las promesas de Dios en su pacto, y por lo tanto no relacionan a Dios con su pacto. Otros no permanecen fieles a sus responsabilidades ante Dios. Hay necesidad en la iglesia actual de renovar la enseñanza del pacto, pues la fuente misma de vida de la iglesia depende de su cumplimiento en las vidas de los niños. No podemos equivocar las claras enseñanzas del Nuevo Testamento. Lejos de excluir a los niños de la iglesia visible, en cuyo seno han sido siempre nutridos, Cristo los llama “corderos de su rebaño”; los toma en sus brazos y los bendice; pone las manos sobre ellos; declara que cualquiera que recibe a uno de estos pequeñitos, en Su nombre, a El recibe; que el Reino de los Cielos les pertenece; y que sus ángeles siempre contemplan la faz de su Padre en los cielos. No hay una sola sugerencia de exclusión, o de que los hijos de los creyentes, cuando lleguen a la edad de comprensión y fe, deban entonces entrar en la relación del pacto en calidad de prosélitos y no de herederos. ¡No! Estos hijos están en la iglesia visible por derecho personal, teniendo un lugar legítimo en el pacto, y llevando la señal del pacto.

El padre de una familia da su propio nombre a sus hijos desde el momento en que nacen, y les prodiga sus cuidados sin haberles consultado. Ellos no pueden cambiar su nombre, ni rehusar el cuidado de su padre, sino hasta que hayan alcanzado la madurez legal. El Estado les da su nacionalidad a los bebés recién nacidos, y autoritariamente los coloca bajo su poder y protección sin que ellos puedan estar capacitados para expresar preferencia alguna sobre el asunto. Ellos pueden elegir otra nacionalidad y renunciar a la protección del Estado, pero no sino hasta que alcanzan la mayoría de edad legal. Así, por el principio de la vida, Dios tiene el derecho de incluir a los hijos infantes dentro de los lazos de su pacto de gracia redentora, y de colocarlos dentro de la esfera de Sus beneficios y privilegios, antes de que ellos sean capaces de tener conciencia de tales beneficios y privilegios. Y al hacerlo así, Dios impone a los hijos de las familias del pacto la más alta bendición posible. ¿Será Dios acusado por eso? ¡Dios está ejerciendo Sus prerrogativas de amor y de gracia! ¡Sus criaturas solamente pueden inclinarse en reverencia y adoración!

Los padres deben interesar a sus hijos y llamar su atención a las promesas del pacto progresivamente. Los hijos comprenderán, cada vez más, que son presuntos herederos de las bendiciones prometidas. Se inclinarán más a servir a Quien a Sí Mismo se ha declarado ser su Padre Celestial, aún antes de que ellos fueran capaces de entender o de elegir. Aprenderán a tener gratitud hacia El que los ha recibido ya como miembros de Su iglesia visible, desde el momento de su nacimiento. Así se convierte su bautismo en el principio por cuya instrumentalidad ellos responden a la fe, en los años posteriores de comprensión madura. Es un verdadero medio de gracia de Dios, usado en la educación de los hijos por los padres fieles. Para usar una ilustración tomada de la vida cotidiana, ¿quién podría decir que los derechos de un hijo, establecidos en el código civil y en las legislaciones concernientes a él, no le son provechosos porque él es incapaz de comprenderlos? Al contrario, están inscritos en la Ley para su bien y provecho inmediato, durante el tiempo en que no puedan comprenderlos! Despreciar esa legislación es atacar directamente al hijo y perjudicarlo en su condición humana. La misma verdad se aplica a los derechos espirituales que el bautismo sella para el niño. En este sentido, el bautismo es una señal de las obligaciones del pacto que Dios mismo impuso a los padres y a la iglesia, que es la verdadera madrina del niño.

El bautismo debe significar, tanto para los padres como para la iglesia, los derechos espirituales del niño. El hijo tiene derecho a la comunión con Cristo en cumplimiento de las promesas que se le han hecho. Tiene derecho a la ciudadanía en la iglesia visible con el pueblo de Dios, especialmente con aquellas personas que son sus propios padres. Tiene derecho a ser instruido en la Palabra de Dios. Tiene derecho de que se le conduzca a la fe en el Salvador. Tiene derecho a la obediencia de sus padres a sus obligaciones del pacto. Tiene derecho al ministerio fiel de la iglesia.

SUMARIO

Frecuentemente se oye decir a los padres: “Yo quiero dedicar a mi hijo a Dios; pero no deseo tomar la decisión por él”. ¡Debe ponerse en claro de inmediato que los padres, al bautizar a sus hijos, se consagran ellos mismos! Los padres reconocen que sus hijos pertenecen a Dios como herederos del pacto, y que Dios sólo les ha prestado esos hijos por un tiempo, para aceptarlos corno un depósito de Él.

Los padres responsables deben tomar muchas decisiones por sus hijos en sus tiernos años; decisiones que influirán en todo el resto de su vida futura. Los mandan a la escuela quieran o no quieran ir. Ellos deciden lo que comerán, lo que usarán, lo que leerán, etc. ¡Cuán importante es que la relación más elevada de todas sea decidida y guiada por la autoridad, el entendimiento y el amor paternales! Sin embargo, debe comprenderse que al presentar a un niño para el bautismo, no se está haciendo una decisión realmente por el sino reclamando una bendición para él. Dios ha hecho ya la decisión de la relación del pacto, colocando al niño en un hogar creyente. Los padres sólo reclaman esa bendición, que ya es de los niños por derecho de nacimiento. Los padres serían irresponsables y culpables de pecado contra el niño si rehusaran reclamar cualquiera bendición que le perteneciera por derecho divino de nacimiento. Si el niño fuera heredero de unos bienes, seguramente los padres no los arriesgarían diciendo: “Yo no decidiré por él; sino que esperaré y veré si él quiere o no esas riquezas”. Ahora, si el niño rechaza más tarde la herencia, los padres, al menos, habían asegurado responsablemente para él el derecho de esa elección. Ellos habían, al menos, reclamado esa bendición para él. Habrían firmado los debidos documentos para reclamar los beneficios del legado, y habrían dado los pasos necesarios para guardar bienes en depósito. Así el niño comenzaría a recibir los beneficios del pacto inmediatamente. Debe enfatizarse que la significación original del bautismo no es que los padres consagren a sus hijos, sino más bien que reconozcan que Dios ha hecho algo por sus hijos. ¡Realmente, los hijos son los bautizados y los padres son los consagrados!

Hemos llegado al fin de la evidencia cuya exposición ha sido el propósito en este estudio. Hemos examinado la enseñanza de la Biblia, como está expresada, en mandatos directos, analogías, inferencias y deducciones. Hemos visto que la Biblia enseña el “bautismo de los creyentes”, pero que no enseña “solamente el bautismo de los creyentes”. No se puede probar que el bautismo de los infantes sea erróneo, probando que el bautismo de los creyentes es correcto. El justo manejo de la evidencia requiere hacer una diferenciación entre los receptores adultos del bautismo, y los infantes que lo reciben. Unos están en el pacto por fe, solamente; los otros por derecho de nacimiento, aunque el heredero deba más tarde, confirmar ese pacto de derecho por nacimiento, con un acto de fe personal en Cristo. Hay diferentes condiciones y diferentes beneficios inherentes a estas dos clases de receptores. En el caso de los herederos infantes, el bautismo es una señal y un sello de la promesa de Dios; un medio de gracia que Dios usará para traer los niños a la fe. En el caso de los adultos conversos, no procedentes de familias del pacto, el bautismo es una señal y un sello de la promesa redentora de Dios cumplida para su experiencia. El principio del pacto de la gracia está establecido en el Antiguo Testamento, perfeccionado en el Nuevo, y es la base única del bautismo, tanto para adultos conversos como para los hijos de los creyentes. La iglesia es la comunidad del pacto, compuesta por los que han recibido la señal y el sello del pacto. El bautismo, en el Nuevo Testamento, es el sucesor de la circuncisión en el Antiguo. El bautismo es la señal más general, que apropiadamente representa una esfera más amplia de sentido espiritual que la que tenía la circuncisión. Las responsabilidades, como los privilegios de los hijos bautizados, son más grandes que las de los hijos de familias que no son del pacto. El bautismo no es solamente una señal y un sello, sino también un medio de gracia empleada por Dios para cumplir Su propósito de salvación, en las vidas de los hijos que han sido fielmente educados por sus padres, para comprender y amar las cosas de Dios. El silencio del Nuevo Testamento confirma que los principios del pacto, establecidos en el Antiguo Testamento, no han sido abrogados en el Nuevo. Estas y otras consideraciones nos conducen a afirmar, con toda confianza, lo correcto del bautismo de los hijos infantes de los creyentes. Déjese a los que tan fácilmente niegan el derecho a los hijos infantes, basar su negativa en argumentos que sistemáticamente restan valor a los temas y pasajes que aquí se exponen. Y que aquél que todavía no puede aceptar la postura expuesta aquí, guarde una mejor actitud de amor y respeto, en vista de nuestro intento de adherirnos a una exposición sistemática de las Escrituras. El bautismo no es un asunto simple y carente de complicaciones. Algunas de las ramificaciones han sido exploradas; quizá se haya dejado sin reconocer alguna de importancia principal. Que cada estudiante se convenza, no por el prejuicio de su denominación cristiana, sino por la evidencia de la Palabra de Dios según llegue a su propia mente y corazón.

*(Copiado extractadamente, sin alteración del original, del libro: “Bases bíblicas para el bautismo de infantes” de D.H. Small)

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Yeniset baptismEste domingo pasado (25 de mayo) fue un día emocionante para nuestra familia. Nuestros hijos recibieron el santo bautismo, instituido por Cristo. Ante mis ojos se estaba cumpliendo uno de los mayores deseos de nuestro corazón expresados a El en oración. Dios es fiel. La sencillez y la profundidad del acto se mezclaban entre si dejándonos abrumados de la emoción. Mientras nuestro pastor bautizaba a mi hija Yeniset, en mi mente repasaba una realidad tan hermosa que es para deleitarse en ella: ¡estamos cumpliendo con la perpetuidad del Pacto!

Cuando Dios le revelo el Pacto a Abraham, le dijo:

 

” Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, POR PACTO PERPETUO, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti.” (Génesis 17:7)

 

¿Como se perpetua el Pacto de Dios en todas las generaciones?

¡Poniendo la señal del Pacto en los hijos, tal como lo mando Dios a Abraham! ¡La señal externa del Pacto es la señal externa de su perpetuidad! Eso no ha cambiado. Dios no ha dejado de incluir a nuestros hijos como parte de su pueblo, y tampoco a mandado a invalidar la señal externa que sobre ellos fue mandada a poner como sello de esa inclusión. Han cambiado las formas, pero los hijos siguen estando incluidos. Lo cierto es que esa mañana, ¡estábamos nosotros como familia, siendo parte de esa promesa, estábamos siendo parte de la perpetuidad del Pacto! ¡que gozo, que privilegio, que tremendo es nuestro Dios! Nuestros dos hijos estaban recibiendo la señal del Pacto tal como la recibieron Isaac, Ismael, Jacob, Esau,….David,…Jeremías,….Juan el bautista,…Jesús,….Pablo,….la familia del carcelero de Filipos (lastima nunca se dijo su nombre),… la familia de Lidia de Tiatira,…la familia de Estefanas,…..! ¡Tantos creyentes que nos han precedido en el camino de la fe! No solo hablamos y enseñamos sobre la eternidad y la perpetuidad del Pacto, sino que ¡obedecimos, y eso nos hizo parte de esa perpetuidad pactual que mando Dios! Pero la señal externa es promesa del cumplimiento espiritual de esa promesa, y también en todas las generaciones Dios ha cumplido su promesa de circuncidar el corazón de los suyos bautizándoles con su Espíritu Santo. La perpetuidad del Pacto de Dios no solo se ha mantenido externamente por las generaciones, sino también internamente. La fe que hubo en la abuela Loida, también estuvo en su hija Eunice, y luego también en su nieto David baptismTimoteo  (2Timoteo 1:5) ¡Dios es Fiel!

Cuando el pastor Alejandro y yo escogimos la fecha del bautizo de nuestros hijos, no nos dimos cuenta que era un “long weekend” (fin de semana largo) aquí en nuestro lugar. Se celebraba “Memorial Day”. Un día en el cual el país se para, y se hace énfasis en recordar a todos los que han caído en las guerras. Dios quiso que fuera en esa fecha. Sin poner a un lado la memoria de esos bravos guerreros, cada “Memorial Day” vamos a recordar que nuestra familia también paso a formar parte de los echos poderosos de Jehova. Es bueno tener un “memorial day” para recordar los hechos poderosos de Jehova con su pueblo. Es un echo poderoso de Jehova que aunque a través de los siglos el Enemigo del pueblo de Dios ha tratado de borrarlo de la faz de la Tierra, siempre El se ha reservado un remanente de Gracia. Durante todos los siglos la iglesia de Dios ha mantenido la llama encendida. El pabilo que humea no se ha apagado nunca. La caña cascada y casi rota nunca se ha partido, porque la iglesia del Señor es parte de sus echos poderosos. ¡Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella! Durante siglos el Pacto se ha perpetuado de generación en generación. Dios ha tenido testimonio en todos los siglos. Unas veces con mas luz, otras siendo apenas una llama mortecina, la iglesia de Cristo ha permanecido. La iglesia de Cristo se ha perpetuado. Nosotros como familia somos parte de todas esas familias de fe que ha obedecido a Dios perpetuando el Pacto, obedeciendo en bautizar a su hijos pequeños confiando que Dios es fiel para cumplir lo que prometió: “…seré el Dios de ellos” (Génesis 17:8)

No tengo palabras para agradecer a mi Dios. Se quedan cortas. Pero la seguridad que El si puede leer nuestros corazones me tranquiliza, porque ahí El podrá ver cuanta gratitud tengo como padre de ver en mis hijos la señal externa de la perpetuidad del Pacto de Dios con su iglesia. ¡Que esa promesa sea un día sellada en sus corazones!

Le doy gracias a Dios por habernos permitido comprender esta gran verdad cuando nos regalo a nuestros hijos.

Mientras el agua fresca y clara de manos del ministro mojaba los cabellos de mi hijo David, a mi mente venían las palabras de Josue: “…yo y mi casa serviremos [obedeceremos] al Señor.”

 

LA TEOLOGÍA DEL PACTO

Abraham prayingLa Teología del Pacto enseña la unidad de las Escrituras y el Pacto de Gracia a través de toda la historia. Contempla los pactos como una especie de sub-pactos de un mismo Pacto de Gracia administrado de formas diferentes pero el mismo en esencia y con los mismos principios.

Hace poco hablaba con unos hermanos Bautistas Particulares y me decían que creían en la Teología del Pacto pero que no creían en el Bautismo de niños. Esto para mí fue algo extraño. No entendía que no entendieran y que se les hiciera tan difícil entender la similitud de los pactos si veíamos y entendíamos que era el mismo solo con maneras externas distintas.

Con el tiempo descubrí que los llamados “Bautistas Reformados” tenían su propia Teología del Pacto diferente a la heredada de la Reforma para así mantenerse como credobautistas y engañar a aquellos que querían seguir los postulados verdaderos de la Reforma.

Esta falsa Teología del Pacto es lo más parecido al dispensacionalismo progresivo, amputa la Escritura, rompe con su unidad y pasa por encima los Pactos antiguos para pasar del Pacto de Redención, elaborado en la eternidad, para traerlo al Evangelio, ignorando los pactos previos y la luz que emanan de ellos.

Por este motivo, ignorando el Pacto Eterno de Abraham con su señal sobre los niños bajo la circuncisión, y reemplazado en el evangelio por el bautismo, deducen bajo una interpretación aislada y letrista del Nuevo Testamento que solo los adultos profesantes se pueden bautizar.

Para mayor engaño lo han querido convertir en una especie de pugna entre presbiterianos y bautistas reformados ¡Nada más lejos de la verdad! La Reforma es mucho más que denominaciones y su teología es clara, por no hablar de la inconsistencia de autodenominarse “Bautista Reformado”, porque la Reforma en sí rechazó a aquellos que rechazaban el bautismo de los niños de padres cristianos. Es como autodenominarse pentecostal y decir que no cree en la vigencia de las lenguas o las imposiciones de manos para sanidad divina.

Con todo, sobra decir que quien quiera seguir esta forma de Teología del Pacto es libre de hacerlo, pero es necesario que todos sepan que no es la verdadera Teología del Pacto heredada de la Reforma bajo el fundamento de los apóstoles y profetas de nuestro Señor Jesucristo.

Para concluir cito la Confesión Reformada de Westminster:

7. Del Pacto de Dios con el hombre
V. Este pacto era ministrado de un modo diferente en el tiempo de la ley y en el del Evangelio. Bajo la ley se ministraba por promesas, profecías, sacrificios, la circuncisión, el cordero pascual y otros tipos y ordenanzas entregados al pueblo judío; y todos señalaban al Cristo que había de venir, y eran suficientes y eficaces en aquel tiempo por la operación del Espíritu Santo, para instruir y edificar a los elegidos en fe en el Mesías prometido, por quien tenían plena remisión de pecado y salvación eterna. A este pacto se le llama el Antiguo Testamento.

¡Dios les bendiga!

Juan Sanabria Cruz
– Pastor –

confesion de westminster¿Por qué Montevideo se llama así? La Historia tiene curiosidades fascinantes. En 1516 el navegante andaluz Juan Díaz de Solís entro con una de sus tres carabelas por el estuario del Río La Plata. En su bitácora el navegante iba describiendo con breves notas lo que ante sus ojos se estaba develando por primera vez. Al pasar frente a lo que es hoy la ciudad de Montevideo, el navegante escribió: “monte VI d. EO” lo cual quiso decir que era el monte número seis que el veía en su ruta que era de este a oeste. El propósito de esa nota no era llamar Montevideo a la capital de Uruguay, pero según esta teoría, así surgió el nombre de esta populosa ciudad.  Juan Díaz de Solís tuvo otro propósito al escribir su nota de navegación, pero la ciudad de Montevideo termino llamándose así por una confusión.  La Confesión Bautista de fe de 1689 fue escrita bajo un propósito, pero ahora esa Confesión no responde a ese propósito, sino que responde a una confusión.

UN POCO DE HISTORIA ES NECESARIO. LONDRES EN LA DÉCADA DE 1640

Desde 1629 hasta 1640 Carlos I, monarca de Inglaterra gobernó sin el parlamento. Impuso una política absolutista y aumento los privilegios de la aristocracia inglesa. En 1640 el rey se vio obligado a reinstaurar el parlamento que en su gran mayoría eran puritanos.  Oliver Cromwell, representante por Cambridge y defensor del puritanismo,  arengo e insubordino al Parlamento contra el episcopalismo de la iglesia anglicana, y contra la ineptitud del monarca que no supo enfrentar un levantamiento católico en Irlanda, lo cual hace que Carlos I huya hacia el oeste de Inglaterra donde estaban sus partidarios aristócratas. En 1642 estalla una guerra civil entre “los realistas”, que estaba formado por la iglesia anglicana, y la aristocracia que el rey favoreció, contra los partidarios del Parlamento, que eran algunos sectores de la burguesía, los puritanos, pequeños comerciantes, y el pueblo llano. En medio de toda esta crisis político/religiosa estaban los presbiterianos puritanos, los congregacionalistas y los bautistas particulares. Todos fueron víctimas de la persecución que la iglesia anglicana y el rey desataron sobre los grupos religiosos contrarios a la religión anglicana de la monarquía inglesa. Producto de la insubordinación del Parlamento contra el rey y la guerra civil desatada entre ambos, se quito el sistema episcopaliano de gobierno de la iglesia anglicana, y se pidió otra forma de gobierno, para lo cual designaron una reunión eclesiástica que sería la encargada de elaborar este documento y presentarlo. La reunión de teólogos y ministros se llevo a cabo en la abadía de Westminster, contigua al Parlamento. Fue allí donde nació la Confesión de Fe de Westminster.

LA CONFESION DE FE DE WESTMINSTER

Las reuniones de la abadía de Westminster comenzaron el 1ro. de julio de 1642 y terminaron en febrero de 1649. Tuvieron 1163 sesiones de trabajo. El quórum mínimo fijado para la asamblea fue de 40 el cual fue superado. Hubo mayoría presbiteriana puritana. Se permitió que ocho delegados de la iglesia de Escocia participaran en la asamblea, como muestra de aprecio por haber ayudado en la lucha contra el rey. Aunque estos delegados no desempeñaron un rol oficial en la asamblea, fueron influyentes. Al estar el rey refugiado en el oeste de Inglaterra, y el Parlamento con Cromwell a la cabeza predominar en la guerra civil, la representación del episcopalismo anglicano se ausento de la asamblea, lo cual fue un ingrediente muy importante en el resultado de la confesión de fe.

Al ir avanzando el trabajo de la asamblea de Westminster se preparo un Directorio de Culto para reemplazar el libro de oración episcopal. En julio de 1645 se logro comenzar a redactar una nueva Confesión de Fe para la iglesia anglicana, después de muchas interrupciones debido a la crisis política, se logro terminar el documento en diciembre de 1646. La CFW es un documento que está saturado de la doctrina bíblica reformada del momento, está escrito en treinta y tres capítulos. También fue redactado un Catecismo Mayor, para que los pastores pudieran explicar la Confesión desde el púlpito, y también se preparo un Catecismo Menor, el cual fue estructurado para la enseñanza de los niños. La iglesia anglicana uso muy poco esta Confesión de Fe, pero desde 1647 fue adoptada como al Confesión de Fe de las iglesias presbiterianas de Escocia, y hoy día sigue siendo la Confesión de Fe de las iglesias reformadas y presbiterianas alrededor del mundo.

EXPLICANDO LAS DIFERENCIAS

En la Inglaterra de la década del 1640 había creyentes y ministros que consideraban a la CFW como una declaración correcta de la fe bíblica pero tenían diferente criterio en cuanto al gobierno de la iglesia y en cuanto al bautismo. En el primer grupo estaban los Congregacionalistas, en el segundo grupo estaban los Bautistas Particulares. Debido a esto, el 29 de septiembre de 1658 se reunieron los líderes de las iglesias congregacionalistas en el palacio de Savoy. Fruto de esa reunión, salió un documento llamado DECLARACION DE SAVOY, el cual es una confesión de fe de las iglesias congregacionalistas, que usa la CFW casi en su totalidad, manteniendo el paidobautismo, pero cambiando algunos artículos sobre el gobierno presbiteral de la iglesia, sustituyéndolo por otros que defienden el gobierno congregacional de la iglesia.

A su vez, el segundo grupo de creyentes mencionados, los bautistas particulares, que entendían que el bautismo solo es para creyentes que confiesen su fe, sin incluir a los niños, enviaron cartas de invitación a todas las iglesias bautistas particulares para celebrar una asamblea en Londres en 1677. En esa asamblea se redacto una confesión de fe, también basada en la CFW, pero con cambios en los artículos referentes al bautismo. Este documento se llamo CONFESIÓN DE LONDRES DE 1677. Debido a la persecución que desato el rey Carlos II, hijo del ajusticiado Carlos I, ese documento confesion bautistase lanzo bajo el anonimato. Paso el tiempo, y bajo otro reinado en Inglaterra,  el 24 de mayo de 1689 se dicto el Acta de Tolerancia  por lo cual, un grupo de pastores bautistas convocaron una reunión en Londres, donde se redacto una Confesión de Fe bautista, usando como modelo la antigua confesión de 1677 con algunos arreglos, y se le llamo, CONFESION DE FE DE LONDRES DE 1689, que es la está en vigencia hoy en las llamadas iglesias bautistas reformadas, sucesoras de los bautistas particulares del siglo XVII.

Ambos grupos de creyentes tomaron la CFW como base doctrinal de sus propias confesiones, y le hicieron los cambios que ellos entendieron que debían de hacerle de acuerdo a sus creencias e interpretación de las Escrituras. Según detalles que se recogen de esos días, los bautistas particulares usaron la CFW como base de su propia confesión, para ser solidarios en la persecución que estos tres grupos de creyentes protestantes tenían en esos días bajo la monarquía inglesa de Carlos I y luego su hijo Carlos II. Reconocieron que la CFW era un documento doctrinal muy bien elaborado y que se ajustaba fielmente a las Escrituras, salvo en los puntos donde había diferencia de criterio. Ese fue el propósito inicial que llevo a los bautistas particulares ingleses a escribir su confesión sobre la CFW. Todo estaba bien definido. Los presbiterianos reformados eran presbiterianos reformados, los congregacionalistas eran congregacionalistas, y los bautistas particulares eran bautistas particulares. Aunque había influencia reformada, estos grupos de creyentes no eran reformados en su totalidad, debido a estas dos doctrinas básicas en las cuales tenían diferencias con las confesiones reformadas, ya que aunque la CFW es la más elaborada y completa, le precedían otras confesiones reformadas más antiguas que también recogían los puntos doctrinales de la fe reformada.

CUANDO LOS PROPÓSITOS INICIALES CAMBIAN

Hace unos meses escuche un debate entre R. C. Sproul, y J. McArthur sobre el bautismo infantil. Algo que dijo McArthur se me quedo dando vueltas en la cabeza. En su intervención, McArthur dijo que la Reforma había quedado incompleta, y que son los bautistas los que le van a dar el final que se merece. Se refería a la doctrina reformada del paidobautismo. Hace unas semanas, leí en el blog de un pastor bautista reformado el cual dice que John Owen tenia una visión del pacto tal como los bautistas reformados, (John Owen era puritano, y redactor principal de la Declaración de Savoy, eminentemente paidobautista) y que la Confesión de Fe de Londres de 1689 había usado como base la CFW, pero que había hecho los “cambios necesarios”. Hace unas semanas también, supe de una iglesia bautista reformada en Ecuador, que bajo mentoría de la iglesia bautista reformada de República Dominicana, exige el rebautismo a hermanos que llegan de otras iglesias, y mientras eso no sea cumplido le niegan a esos hermanos la mesa del Señor en la comunión del pan y el vino.

Todos estos eventos juntos me preocupan. Me preocupan porque veo que lo que en un inicio fue un buen propósito de unidad se ha tornado en un sectarismo eclesiástico bajo el nombre de “reformados”.  Bajo el prisma de esta nueva (o no tan nueva) visión bautista, la CFW es buena, pero no tuvo buen final, el cual se lo vienen a dar los bautistas con su solocredobautismo. Los cambios hechos eran “necesarios” porque la CFW se equivoco en la doctrina del paidobautismo, y en la del gobierno de la iglesia, sin embargo, la historia, como implacable testigo de todos, me muestra las inconsistencias de esas doctrinas. Por ejemplo, los hermanos congregacionalistas, defensores del gobierno congregacional de la iglesia, donde la iglesia se gobierna ella misma reunida en mayoría; pero resulta que cuando fueron a establecer la Declaración de Savoy, no convocaron a todas las iglesias congregacionalistas de Inglaterra en ese momento, sino que enviaron cartas para que ellas enviaran ministros delegados a dicha asamblea. Entonces… ¡¡¡veo a una iglesia congregacional teniendo una asamblea local para hacer un documento que defiende el gobierno congregacional independiente para todas las iglesias!!!!! Una total inconsistencia!!!!! Es como decir “todos estamos de acuerdo en que estamos separados”.bautismo6

Por el otro lado veo a ministros bautistas, defensores del solocredobautismo, que ven el paidobautismo como “un fallo” de la fe reformada,  pero que a su vez se preocupan mucho en presentar sus hijos al Señor cuando estos nacen. Me pregunto yo, ¿para que los presentan? ¿Acaso entienden esos bebitos la presentación? ¿Acaso son conscientes esos bebitos de la oración de presentación que tiene el ministro bautista con ellos en brazos? Otra total inconsistencia!!!!! Niegan el bautismo de los niños porque ellos no son conscientes, pero hacen una ceremonia de presentación de la que igualmente son inconscientes!!!!!

ENTENDIENDO EL TRASFONDO DE LAS COSAS

Sin duda, las iglesias  bautistas particulares tienen influencia reformada. Pero tener influencia reformada no es ser reformada. Hoy día las iglesias bautistas reformadas se autodenominan de esa manera, pero es una denominación contradictoria. Los bautistas particulares de Inglaterra en el siglo XVII nunca se autonombraron “reformados”. Eran bautistas particulares, estaban definidos. Por eso, hicieron su propia Confesión de Fe. La fe reformada está bien definida. La doctrina reformada no es la doctrina bautista y viceversa. Son dos visiones diferentes de la doctrina bíblica. Ven la Teología del Pacto de forma diferente, por lo que todas las doctrinas que se derivan de ahí, son diferentes, principalmente el bautismo. Más bien siguen lo que hoy conocemos como “dispensacionalismo progresivo”, que, aunque sea la forma menos agresiva de dispensacionalismo, no tiene nada que ver con la Teología del Pacto recibida de la Reforma, en el que el Pacto de Abraham es el mismo Pacto de Gracia cumplido en Cristo. Sostener los “cinco puntos del calvinismo” no es ser reformado. La doctrina reformada reconoce los cinco puntos del calvinismo, pero no se queda ahí, va más allá. Los bautistas reformados se quedan en los cinco puntos del calvinismo, no van más allá, por eso, entiendo que no son reformados.

Los bautistas, históricamente tienen influencia de la Reforma, pero de ambas “reformas”, de la Reforma magisterial de la Ginebra de Juan Calvino mezclada con la Reforma radical de los Anabaptistas. Son un punto medio, híbrido entre las dos reformas. Tienen del calvinismo y tienen del anabaptismo. No son ni reformados ni anabaptistas completamente. Este asunto de las definiciones es importante. Los colores indeterminados molestan a la vista. Las doctrinas que no son ni de un lado ni del otro, sino que se quedan en el medio, son muy peligrosas y traen confusión al alma de los creyentes aunque en un principio todo parezca muy bien. El anglicanismo y el luteranismo son doctrinas de “vía media”. Son doctrinas de “punto medio”. No son ni romanistas ni reformados completamente, tienen influencia de ambos. Fueron los teólogos reformados de la Reforma magisterial ginebrina los que trazaron la doctrina básica y esencial de la Reforma. Cambiaron lo que había que cambiar, según las Escrituras, pero lo que estaba bien lo dejaron. Los anabaptistas no tenían el propósito de reformar la iglesia existente, sino de re-fundar una nueva iglesia, por eso se les llamo ‘reformadores radicales’, y esa herencia la legaron a los bautistas en lo que al bautismo se refiere. Los bautistas ven “incompleta” la Reforma porque ellos tienen en mente una nueva iglesia, no reformar la que había. Los reformadores magisteriales del siglo XVI tuvieron como propósito REFORMAR LA IGLESIA, NO CREAR UNA NUEVA IGLESIA. ELLOS ENTENDIERON QUE YA LA IGLESIA HABIA SIDO FUNDADA POR EL SEÑOR, UNA SOLA VEZ, POR TANTO, HACER UNA NUEVA IGLESIA, ERA FALTAR A LA DOCTRINA BÍBLICA. LA NECESIDAD ERA REFORMAR LA IGLESIA, NO CREAR UNA NUEVA.

Los anabaptistas en el siglo XVI se creyeron que eran los únicos que estaban haciendo la verdadera “reforma”, pero en realidad no era una reforma, sino era re-fundar UNA IGLESIA NUEVA. Ellos desaprobaron todo lo que venía de Roma simplemente por venir de Roma, y en eso fallaron porque todo lo que tenía la iglesia no estaba mal, ya que la iglesia romanista no empezó siendo así, sino que fue la iglesia de los primeros siglos del cristianismo que se fue contaminando con falsas doctrina y fue resquebrajando su herencia doctrinal apostólica deviniendo en ese romanismo de imágenes, santos,  y venta de indulgencias en su fusión con el paganismo. Los credos universales (Apostólico, Niceno, Atanasio) los mantuvo la iglesia reformada. La doctrina de la trinidad la mantuvo la iglesia reformada. El bautismo de los hijos de los creyentes lo mantuvo la iglesia reformada, aunque con diferentes connotaciones, o….. ¿de dónde lo aprendieron los romanistas, sino que se vino haciendo desde los inicios de la cristiandad?

UNA ACTITUD PREOCUPANTE

La actitud que han manifestado algunos ministros y líderes bautistas contemporáneos es preocupante. Preocupa que se alejen del propósito del principio, ese principio de unidad que hubo en los bautistas particulares ingleses que les hizo solidarizarse con los reformados se ha debilitado en la distancia del tiempo dando paso a que se tenga una interpretación falsa de lo que ocurrió en la Inglaterra de 1640. Lo que dan a entender estos ministros bautistas es que sus predecesores ingleses hicieron como asevera el refrán popular: “el enemigo de mi enemigo, es mi amigo” y no fue tanto por unidad y solidaridad en la persecución. Es el mensaje que están dejando. Casi han secuestrado la CFW para entonces “corregir” lo que fue mal hecho. Ese no fue el propósito de los bautistas particulares ingleses, pero es lo que se entiende por parte de lo que han expresado estos ministros bautistas contemporáneos.

pan y vino1Por otro lado, prohibir la mesa de la comunión a hermanos bautizados, y exigir rebautismo bajo la denominación son evidencias claras de sectarismo. Es un grave pecado el prohibir la participación de la mesa del Señor a un creyente. Es adueñarse de lo que Cristo da bondadosamente y por gracia a todo creyente. Es una especie de “diotrefismo” doctrinal, que imita a aquel mal líder de la iglesia que es juzgado por el apóstol Juan en 3 Juan 1: 9-10 por su sectarismo. El bautismo no es propiedad de ninguna denominación, fue dado a la iglesia universal de Cristo. Con esa actitud sectaria, no solo privan a los hermanos de lo que Cristo les da en su liberalidad, sino que atentan contra la universalidad de la iglesia. Al excluirles de la Santa Comunión les excluyen de lo que ello significa, a saber, la salvación en Cristo y su participación y membresía del Cuerpo de Cristo. En otras palabras, cuando se le priva a un creyente de participar de la mesa del Señor con este espíritu sectario, se está diciendo que no consideran salvo a ese hermano, que no pertenece al cuerpo de Cristo, erigiéndose en jueces de su salvación.

Considero entonces, que todo ministro bautista o cualquier creyente que tenga esta visión sectaria del bautismo, y de la doctrina reformada se constituye en el peor de los enemigos de la fe reformada. Ha confundido la visión de sus predecesores bautistas, y ha confundido también el plan divino de la iglesia universal. Ya lo dijo el Señor, es mejor ser frío o caliente que tibio. Los arminianos dispensacionalistas están errados, pero al menos están definidos en su error. Los bautistas que se autodenominan “reformados”, y que ven la iglesia de Jesucristo con actitud sectaria son los enemigos más peligros se la fe reformada, porque desde adentro contaminan y confunden a otros con una visión que no fue la de los reformadores, y mucho menos la de sus antecesores bautistas particulares del siglo XVII.

¿COMO SABER SI UN MINISTRO BAUTISTA ES SECTARIO?

Es muy fácil. Se le hace una pregunta muy sencilla. “¿Acepta usted como valido el bautismo de un hermano que haya sido bautizado desde su niñez en la iglesia  Reformada y que quiera ser miembro de la iglesia habiendo dado evidencias de su conversión? Si el ministro responde que NO, es sectario. Si responde que SI, está conforme a la institución del sacramento, incluso no siendo paidobautista.

Hace unas semanas, un pastor “bautista reformado”, en un debate sobre este asunto, al formularle esta misma pregunta, respondió que NO, que el bautizaría nuevamente a ese hermano, pero que para el no sería un rebautismo, sino un bautismo, porque el bautismo recibido de niño, fue un “BAUTISMO DE INCRÉDULO” ¡Nunca había escuchado algo así! Cuando Dios mandó a Abraham a circuncidar a sus hijos de ocho días de nacidos, nunca le dijo que era una CIRCUNCISIÓN DE INCRÉDULOS. Nunca he visto en la Escritura que se llame ‘INCRÉDULO’ a los hijos de los creyentes……nunca!!!  Al contrario, la Escritura los llama “santos” (1Cor. 7:14), porque si bien es cierto que están incapacitados naturalmente para expresar fe, igualmente están incapacitados para expresar incredulidad. Me pregunto entonces, ¿por qué muchos pastores bautistas reformados practican la presentación de niños al Señor aún sin que Él lo haya instituido? He estado en muchas presentaciones de niños, y nunca he escuchado al ministro bautista orar: “Señor, te presento a este incrédulo,  tómalo contigo, cuida a este incrédulo  que aunque es un incrédulo  que sea instruido en tus caminos, toma a este incrédulo en tus manos de amor…..etc”. Más bien cantan “♫♪♫los niños son de Cristo, Él es su Salvador ♪♫♪…” Entonces, ¿si no ven a sus hijos así, por que llaman “bautismo incrédulo” al bautismo de los hijos en una iglesia reformada? En todo caso, ¿donde está la incredulidad? ¿Donde se bautiza al hijo, o donde no se bautiza? Creo que los papeles están invertidos.

Lo cierto es que se respira un ambiente sectario en la iglesia y eso no es bueno. La iglesia universal de Cristo no es un plan de los teólogos reformados, es plan de Dios, que lo tuvo desde antes de los siglos, y lo revelo a su debido tiempo a sus profetas y apóstoles. El ministro que se sectariza esta pisoteando ese plan de Dios, al cual él mismo ha sido llamado como ministro, para explicar ese misterio a los hombres, y que sean incorporados a la iglesia visible en la que, conforme al decreto de elección, serán incluidos también en la iglesia invisible, la cual está formada por todos los santos del Señor de todas las edades.

Cuando vayan de paseo a Montevideo, o hablen de esta hermosa ciudad, recuerden que su nombre es producto de una confusión. Que nunca como cristianos, seamos identificados por estar afiliados a una doctrina confusa o  falsa, a una costumbre que sea dañina para la iglesia universal de Cristo.

Quiera Dios que nos alejemos de toda actitud sectaria, que confunde y divide la iglesia de Jesucristo, esa por la cual El derramo su sangre. Y quiera Dios que nuestros hermanos Bautistas reconozcan un solo bautismo y no excluyan de la membresía de la iglesia ni de la Santa Comunión  a los que recibieron el santo sacramento en la edad de la infancia.

SOLI DEO GLORIA!

Escrita por Felipe Gonzalez.

Revisada por Juan Sanabria.

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Uno de los argumentos que se esgrimen en contra del paidobautismo es que la Biblia no habla de eso. Yo creo que la Biblia habla de “eso” mas de lo pensamos o imaginamos. Me gusta mucho hablar, dialogar y comunicar, pero esta vez dejo que sea la Palabra de Dios por si sola quien exponga los argumentos sobre el bautismo. Estos textos estan agrupados para demostrar dos aspectos: que el agua del bautismo debe derramarse, y que Dios nunca ha excluido a los niños de sus promesas y Pacto. Que el Espiritu de Dios sea quien lleve las mentes y corazones a comprender esta gran verdad, que ha estado empañada, y todavia permanece empañada para muchos creyentes por la herejia anabaptista.

SOBRE COMO EN EL A.T Y EN EL N.T  DIOS HABLA DE QUE LOS SIMBOLOS DEL ESPIRITU SANTO (aceite de la uncion, y agua) SE DERRAMAN SOBRE LA CABEZA DE LA PERSONA, TAL Y COMO SE DERRAMA EL ESPIRITU SANTO. 

“Y se levantó Jacob muy de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, la erigió por señal y DERRAMO ACEITE POR ENCIMA.”  Genesis 28:18 LBLA

“Y Jacob erigió un pilar en el lugar donde Dios había hablado con él, un pilar de piedra, Y DERRAMO SOBRE EL una libación; también DERRAMO SOBRE EL aceite.”  Genesis 35:14 LBLA

“Después harás que Aarón y sus hijos se acerquen a la entrada de la tienda de reunión, y los lavarás con agua. Y tomarás las vestiduras y pondrás sobre Aarón la túnica, el manto del efod, el efod y el pectoral, y lo ceñirás con el cinto tejido del efod; y pondrás la tiara sobre su cabeza, y sobre la tiara pondrás la diadema santa. Luego tomarás el aceite de la unción, Y LO DERRAMARAS SOBRE SU CABEZA, y lo ungirás.”  Exodo 29: 4-7 LBLA

“Y DERRAMO del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón y lo ungió, para consagrarlo.”  Levitico 8:12 LBLA

“Tomó entonces Samuel la redoma de aceite, LA DERRAMO SOBRE LA CABEZA de Saúl, lo besó y le dijo: ¿No te ha ungido el SEÑOR por príncipe sobre su heredad?”  1Samuel 10:1 LBLA

“Entonces Samuel tomó el cuerno de aceite y LO UNGIO en medio de sus hermanos; y el Espíritu del SEÑOR vino poderosamente SOBRE DAVID desde aquel día en adelante. Luego Samuel se levantó y se fue a Ramá.”  1Samuel 16:13 LBLA

“Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos;  HAS UNGIDO MI CABEZA con aceite;  mi copa está rebosando.”  Salmo 23:5 LBLA

“A más del olor de tus suaves unguentos,  Tu nombre es como UNGUENTO DERRAMADO;  Por eso las doncellas te aman.”  Cantares 1:3 RV

“…..hasta que se DERRAME SOBRE NOSOTROS EL ESPIRITU DESDE LO ALTO,  el desierto se convierta en campo fértil   y el campo fértil sea considerado como bosque.”  Isaias 32:15 LBLA

“Porque DERRAMARE agua sobre la tierra sedienta, y torrentes sobre la tierra seca; DERRAMARE mi Espíritu sobre tu posteridad, y mi bendición sobre tus descendientes.”  Isaias 44:3 LBLA

“No les ocultaré más mi rostro, porque HABRE DERRAMADO MI ESPIRITU SOBRE LA CASA DE ISRAEL-declara el Señor DIOS.”  Ezequiel 39:29 LBLA

“Y sucederá que después de esto,  DERRAMARE MI ESPIRITU SOBRE toda carne;  y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán,  vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros  jóvenes verán visiones. Y aun SOBRE los siervos y las siervas  DERRAMARE MI ESPIRITU en esos días.”  Joel 2: 28-29  LBLA

“…se le acercó una mujer con un frasco de alabastro de perfume muy costoso, y LO DERRAMO SOBRE SU CABEZA cuando estaba sentado a la mesa.”  Mateo 26:7 LBLA

“Y estando El en Betania, sentado a la mesa en casa de Simón el leproso, vino una mujer con un frasco de alabastro de perfume muy costoso de nardo puro; y rompió el frasco y LO DERRAMO SOBRE LA CABEZA DE JESUS.”  Marcos 14:3 LBLA

“…y se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartiéndose, SE POSARON SOBRE cada uno de ellos”  Hechos 2:3 LBLA

“Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, HA DERRAMADO ESTO que vosotros veis y oís.”  Hechos 2:33 LBLA

“…y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios HA SIDO DERRAMADO EN NUESTROS CORAZONES, POR MEDIO DEL ESPIRITU SANTO QUE NOS FUE DADO.”  Romanos 5:5 LBLA

“Ahora bien, el que nos confirma con vosotros en Cristo, Y EL QUE NOS UNGIO, es Dios, quien también nos selló y nos dio el Espíritu en nuestro corazón como garantía….”  2Corintios 1:21-22  LBLA

“El nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del LAVAMIENTO DE LA REGENERACION Y RENOVACION POR EL ESPIRITU SANTO QUE EL DERRAMO SOBRE NOSOTROS abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador”  Tito 3: 5-6  LBLA

Despues de leer y analizar estos textos biblicos, dudo mucho que se pueda sostener que los apostoles y la iglesia primitiva bautizaran por inmersion. Hubiera sido algo bieeeeeen raro.

SOBRE COMO DIOS INCLUYE A LOS HIJOS DENTRO DE SUS PROMESAS Y PACTO CON SU PUEBLO.

“Pero estableceré mi pacto contigo; y entrarás en el arca tú, Y CONTIGO TUS HIJOS, tu mujer y las mujeres de tus hijos.”  Genesis 6:18 LBLA

“Y estableceré mi pacto contigo y con TU DESCENDENCIA después de ti, por todas sus generaciones, por pacto eterno, de ser DIOS TUYO Y DE TODA TU DESCENDENCIA después de ti. Y te daré a ti, y a TU DESCENDENCIA DESPUES DE TI, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán como posesión perpetua; Y YO SERE SU DIOS.” Genesis 17:7-8 LBLA

“Además, el SEÑOR tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de TUS DESCENDIENTES, para que ames al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.”  Deuteronomio 30:6

“Congrega al pueblo, hombres, mujeres Y NIÑOS, y al forastero que está en tu ciudad, para que escuchen, aprendan a temer al SEÑOR tu Dios, y cuiden de observar todas las palabras de esta ley.”  Deuteronomio 31:12 LBLA

“También a los que eran contados entre los sacerdotes según sus casas paternas; y a los levitas de edad de veinte años arriba, conforme a sus oficios y grupos.  Eran inscritos con TODOS SUS NIÑOS, sus mujeres, SUS HIJOS E HIJAS, toda la multitud; porque con fidelidad SE CONSAGRABAN A LAS COSAS SANTAS.”   2Cronicas 31: 17-18 RV

“LOS HIJOS de tus siervos permanecerán,  y SU DESCENDENCIA será establecida delante de ti.”  Salmo 102:28 LBLA

“Porque derramare agua sobre la tierra sedienta, y torrentes sobre la tierra seca; derramare mi Espíritu SOBRE TU POSTERIDAD, Y MI BENDICION SOBRE TUS DESCENDIENTES” Isaias 44:3 LBLA

“En cuanto a mí–dice el SEÑOR–, este es mi pacto con ellos: Mi Espíritu que está sobre ti, y mis palabras que he puesto en tu boca, no se apartarán de tu boca, ni de la boca de TU DESCENDENCIA, ni de la boca de la DESCENDENCIA de tu DESCENDENCIA–dice el SEÑOR–desde ahora y para siempre.”  Isaias 59:21 LBLA

“No trabajarán en vano,  ni darán a luz para desgracia,  porque son LA SIMIENTE DE LOS BENDITOS DEL SEÑOR,  ellos, y SUS VASTAGOS CON ELLOS.”  Isaias 65:23 LBLA

“Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Por cuanto tú has rechazado el conocimiento, yo también te rechazaré para que no seas mi sacerdote;  como has olvidado la ley de tu Dios,  YO TAMBIEN ME OLVIDARE DE TUS HIJOS.”  Oseas 4:6 LBLA

“En aquel tiempo, hablando Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, Y LAS REVELASTES A LOS NIÑOS. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado.” Mateo 11: 25-26 LBLA

“Entonces le trajeron algunos niños para que pusiera las manos sobre ellos y orara; y los discípulos los reprendieron. Pero Jesús dijo: DEJAD A LOS NIÑOS Y NO LE IMPIDAIS QUE VENGAN A MI, porque de los que son como éstos es el reino de los cielos.”  Mateo 19: 13-14 LBLA

“Porque la promesa es para vosotros Y PARA VUESTROS HIJOS y para todos los que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llame.”  Hechos 2:39 LBLA

Este estudio es la primera parte de una serie sobre el tema que desarrollo el pastor bautista reformado Daviel d’ Paz en su blog  “SIEMPRE REFORMANDOSE”. Creo que es enriquecedor sobre este tema tan desconocido, como criticado por muchos creyentes que no entienden todavia que nuestros hijos son parte de la iglesia. Es nuestro deseo y oracion que todos los escritos que hemos hecho sobre este tema, y estos que ahora tambien publicamos en nuestro blog, traigan luz a los hermanos en su busqueda y entendimiento de la voluntad de Dios.

SOLI DEO GLORIA!

“Escogido por Gracia” Administrador de Iglesiando.

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Un breve analisis del Paedobautismo (1ra. parte)

Introducción
Uno de los “slogans” que fue acuñado y popularizado por los Reformadores en el siglo XVI fue “ecclesia reformata, semper reformanda” (Iglesia Reformada, siempre reformándose). En el corazón de este “slogan” se encuentra la idea de que la obra de la Reforma no terminaba con ellos, ni mucho menos que dicha labor ya se encontraba concluida. Los Reformadores estaban en lo correcto al pensar que la obra de la reforma era algo que debía seguir, aún cuando ellos ya no estuvieran en esta tierra y no pudieran continuar con tan noble tarea.
Otro de los importantes “slogans” que ellos popularizaron fue: “sola scriptura, tota scriptura” (Solo las Escrituras y todas las Escrituras). Los Reformadores fueron creyentes que deseaban volver a las Escrituras como la única fuente de autoridad en cuestiones de fe y moral, contrario a las enseñanzas de Roma. Pero nunca desearon instituirse ellos mismos como una segunda fuente de autoridad a la par de las Escrituras, pues reconocían que eran seres humanos falibles, sujetos a errores y equivocaciones. Es debido a estos dos slogans que tuvieron su origen en la época de la Reforma, que todo creyente debe estar consciente que la iglesia militante seguirá reformándose. Esto no significa que la iglesia va a aceptar nuevas doctrinas y revelaciones que no fueron aceptadas por ellos, sino más bien, que la iglesia va a continuar reformándose al enfrentarse son nuevos retos y desafíos, pero tomando como base las doctrinas esenciales de la fe cristiana que ellos sostuvieron y defendieron de manera tan efectiva.
En esta serie de artículos me propongo examinar de manera breve pero concisa, uno de los temas más difíciles y controversiales del mundo cristiano evangélico: el bautismo de infantes. No es mi intención representar la postura sobre el bautismo de infantes de manera superficial y/o equivocada (tal como muchos lo han hecho y lo siguen haciendo) al recurrir a argumentos descuidados o irresponsables creando “muñecos de paja” o haciendo “caricaturas” de lo que otros creen, pues reconozco que tales acciones son prohibidas por las Escrituras ya que violan el noveno mandamiento que dice: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio”(Éxodo 20:16). Mi propósito es examinar los argumentos a favor del bautismo de infantes de la manera más acertadamente posible y permitir que los que defienden dicha postura presenten sus argumentos para poder evaluarlos a la luz de TODAS las Escrituras. Por otro lado, escribo este artículo no como un experto en el tema, sino como alguien que ha comenzado a examinar los argumentos usados para respaldar el bautismo de infantes por aquellos que lo defienden. Creo que esa es la única manera correcta de comprender y evaluar lo que otros creen. Debido a que ha crecido bajo una tradición distinta (el credo-bautismo), se requiere un doble esfuerzo de mi parte para no mal representar los argumentos de aquellos que abogan por el paedo-bautismo.
Reconozco que este tema no solo es difícil, sino que también despierta algunos sentimientos encontrados debido a los abusos cometidos en el pasado. Aventurarse a explorar este tema es, sin lugar a dudas, atreverse a incursionar en un terreno altamente minado. Paul K. Jewett expresa esta misma opinión de la siguiente manera:
“La complejidad de la discusión no es necesariamente culpa de los teólogos o el resultado de su supuesta propensidad a los argumentos complicados. La pregunta de si la iglesia debe bautizar infantes o no, es intrínsecamente compleja, pues es imposible contestarla adecuadamente sin tener que discutir también nuestro punto de vista sobre los sacramentos en general. Y nuestro punto de vista sobre los sacramentos, su naturaleza y eficacia, involucra la manera en la que vemos todo el tema de la salvación, entendida como el acto de gracia por parte de Dios en el perdón y la reconciliación, mediado al pecador en y a través de la comunidad de los redimidos, la iglesia cristiana” (Paul J. Jewett“Infant Baptism and the Covenant of Grace”, p. 2, Eerdmans 1978).
Debido a que el tema sobre el bautismo de infantes es muy variado (desde el catolicismo romano hasta la iglesia ortodoxa griega, sin pasar por alto el anglicanismo y el luteranismo, etc.), muchos creyentes bienintencionados tienden a poner todas estas posturas en un mismo saco, como si cada una de ellas fueran exactamente lo mismo. Pero la verdad es que no son lo mismo, aunque a simple vista parezcan serlo. Las razones bíblicas y teológicas de cada una de estas posturas difieren marcadamente entre sí. Mi enfoque principal en este análisis será en el bautismo de infantes tal como es expresado y defendido por las principales Confesiones de Fe de las iglesias Presbiterianas y Reformadas exclusivamente.
I. Argumentos a favor del bautismo de infantes
La pregunta número 74 del catecismo de Heidelberg dice:
Pregunta: ¿Deben ser bautizados también los infantes?
Respuesta: Si. Pues tanto ellos como los adultos pertenecen a la comunidad del Pacto (Gen. 17:7), y también a ellos se les promete el perdón de los pecados por medio de la sangre de Cristo (Mateo 19:14) y el Espíritu Santo quien produce la fe (Sal.22:10; Is. 44:1-3; Luc. 1:15; Hechos 2:39; 16:31).
Por lo tanto, ellos deben ser incorporados a la iglesia cristiana por medio del bautismo, que es la señal del Pacto y que los distingue de los hijos de los incrédulos (Hechos 10:47; 1Cor. 7:14). Esto era hecho bajo el Antiguo Testamento por medio de la circuncisión (Gen. 17:9-14), en cuyo lugar el bautismo fue instituido en el Nuevo testamento (Col. 2:11-13).
La Confesión de Fe de Westminster también afirma esto en el capítulo XXVIII, párrafo IV dice:
“No solo aquellos quienes de hecho profesan fe en y obediencia a Cristo, sino también los infantes de uno o ambos padres creyentes deben ser bautizados” (Alexander Whyte, “An Exposition on the shorter Catechism”, p. 311, Christian Focus Publications 2004).
Estas breves afirmaciones se encuentran llenas de contenido bíblico y teológico. Si no estamos familiarizados con dicho contenido, vamos a sentirnos impulsados a rechazar inmediatamente tales afirmaciones debido a que no estamos comprendiendo bien el trasfondo y las bases bíblicas para dichas afirmaciones. La mayoría de las confesiones de Fe en el mundo Reformado, permiten a los hijos (infantes) de padres creyentes el ser bautizados también. La razón para tal participación del bautismo, es debido a que los niños, al igual que sus padres creyentes, ambos se encuentran incluidos dentro del Pacto de Gracia. El catecismo de Heidelberg expone claramente la razón por la que los hijos de padres creyentes pueden ser bautizados: porque así como la circuncisión era hecha a los hijos de los Israelitas en el AT, así también el bautismo el cual ha reemplazado a la circuncisión en el NT, puede ser aplicado a los hijos de padres creyentes. Este acercamiento es, desde luego, algo inherente en la teología Reformada que ve en el Antiguo y en el Nuevo Testamento una estrecha relación y una continuidad tal, que divorciar el Nuevo Testamento del Antiguo no solo es algo que nunca debe hacerse, sino que cuando lo hacemos, tal acción nos conduce a errores bastante serios. Por eso, el primer argumento a favor del bautismo de infantes tiene que ver en cómo interpretamos las Escrituras.
1. El argumento hermenéutico: ¿Cómo debemos interpretar las Escrituras?
El argumento hermenéutico nos muestra la necesidad e importancia de interpretar adecuadamente TODAS las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento. Todo creyente que pide que se le muestre un solo versículo en el Nuevo Testamento en donde hable de manera explícita sobre el bautismo aplicado a los infantes, es porque tal vez no se encuentra familiarizado con la UNIDAD y la CONTINUIDAD que existe entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. La unidad y continuidad que existe entre los dos Testamentos, es a veces ignorada o pasada por alto debido a una equivocada tendencia a ver al Antiguo Testamento como un libro independiente y completamente SEPARADO del Antiguo en el mejor de los casos, o como algo OBSOLETO que ha sido REEMPLAZADO casi en todo sentido por el Nuevo Testamento, en el peor de los casos.
Pero al estudiar detenidamente el Nuevo Testamento, nos damos cuenta que la mayoría de los escritores neo-testamentarios apelaron al Antiguo Testamento para fundamentar sus argumentos tanto históricos como teológicos y demostrar que este hablaba claramente sobre todas las cosas que estaban sucediendo: desde la llegada del Mesías prometido en varias porciones de las Escrituras, así como su muerte, sepultura y resurrección, hasta su ascensión al cielo y el sentarse en el trono a la diestra de Dios. De hecho, el Antiguo Testamento eran las únicas Escrituras que ellos tenían en el primer siglo. Cuando el apóstol Pablo le escribió al joven Timoteo que “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Tim. 3:16), se estaba refiriendo principalmente al Antiguo Testamento ya que el Nuevo Testamento todavía no se había terminado de escribir y las únicas Escrituras que Timoteo conocía era el Antiguo Testamento. Por lo tanto, si deseamos entender la postura paedo-bautista con justicia, lo primero que debemos hacer, es esforzarnos por tener un entendimiento básico de la comprensión reformada sobre TODAS las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento.
La relación orgánica entre el AT y el NT
No cabe duda que existe una relación orgánica entre el AT y el NT. Esto se hace evidente por el hecho de que tanto Cristo como sus apóstoles citaban una y otra vez el Antiguo Testamento en sus discursos y apelaban al Antiguo Testamento como la Palabra de Dios la cual pesaba sobre sus conciencias. No se puede negar el hecho de que existe una estrecha relación e interdependencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Por lo tanto, el hacer una estricta división de los dos testamentos no cuenta con ningún apoyo Escritural. El querer separar el Nuevo Testamento del Antiguo, es como querer cortarle la raíz a un árbol y esperar que este sobreviva. Ambos Testamentos se necesitan mutuamente para poder ser entendidos e interpretados correctamente. Por esa razón, toda doctrina bíblica encontrada en el Nuevo Testamento, debe ser estudiada y considerada a la luz del Antiguo Testamento.
Esta comprensión de la relación orgánica que existe entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, fue lo que preservó a la iglesia primitiva de sucumbir ante una de las más peligrosas herejías que la amenazaron en los dos primeros siglos: las herejías de Marción. Marción rechazaba completamente el Antiguo Testamento y negaba toda posible relación con el Nuevo Testamento. Debido a la influencia de un maestro gnóstico llamado Cerdo, Marción había llegado a la conclusión que existían dos Dioses: el Dios creador del Antiguo Testamento quien era “un Dios legalista que se había involucrado en cursos de acción contradictorios y quien era débil, ignorante, déspota y cruel” y el Dios supremo, el cual, según Marción, “era un Dios de amor quien había permanecido completamente oculto hasta que finalmente fue revelado en la persona de Jesucristo” (Robert I. Bradshaw, “Marcion: Portrait of a Heretic”, www.earlychurch.org.uk/article_marcion.html).
Uno de los principales argumentos de Marción para rechazar el Antiguo Testamento, era que este no podía ser reconciliado con el Nuevo Testamento. Por ejemplo, Marción veía que el código de conducta bajo el Antiguo Testamento era el de “ojo por ojo y diente por diente”, mientras que Cristo hizo a un lado este precepto. Josué le ordenó al sol que se detuviera para poder continuar con la masacre de sus enemigos, mientras que Pablo exhortaba: “no se ponga el sol sobre vuestro enojo”. En el Antiguo Testamento se permitía el divorcio y la poligamia, pero en el Nuevo ninguno de los dos es permitido. Moisés había reforzado el Sábado y la Ley, mientras que Cristo había liberado a los creyentes de ambos.
Marción encontraba contradicciones aún en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, Dios había ordenado que no se hiciera cual ningún trabajo en el día de reposo, sin embargo, les ordenó a los israelitas a cargar el arca alrededor de Jericó 7 veces en el día sábado. Dios había prohibido hacer imágenes de fundición, pero también le ordenó a Moisés a que hiciera una serpiente de bronce. La deidad revelada en el Antiguo Testamento no podía ser omnisciente, de otra manera no le hubiera preguntado a Adán “¿En donde estás tú?” (Génesis 3:9).
Este equivocado concepto sostenido por Marción lo llevó finalmente a mutilar las Escrituras, creando así su propio Canon de la Biblia. Marción rechazó completamente el Antiguo Testamento e incluyó únicamente en su Canon al evangelio de Lucas y diez epístolas del apóstol Pablo. Pero aún después de haber eliminado esas Escrituras, Marción se dedicó a la tarea de quitar todas las referencias que había en el evangelio de Lucas sobre el trasfondo judío de Cristo. También eliminó varios pasajes de las epístolas paulinas que hacían referencia a ejemplos y porciones del Antiguo Testamento. Cuando Marción terminó de editar y recortar las Escrituras, lo único que le había quedado era un pobre resumen incomprensible de lo que él consideraba era el evangelio puro. Interesantemente, el mutilado Canon de Marción fue lo que aceleró el proceso en la formación del Canon bíblico que ya había comenzado en la primera mitad del segundo siglo. Fue en su oposición al hereje Marción que la iglesia por primera vez hizo conciencia de su herencia sobre los escritos apostólicos y sobre la importancia del Antiguo Testamento para la fe cristiana.
Lamentablemente, el deseo por divorciar el Nuevo Testamento del Antiguo no terminó con la muerte de Marción. A lo largo de la historia de la iglesia se han podido ver estas mismas tendencias mostradas de diferentes formas. Geoffrey W. Bromiley comenta sobre esta misma tendencia mostrada en la actualidad de querer divorciar al Antiguo Testamento del Nuevo y de hacer a un lado toda clase de continuidad entre ambos Testamentos:
“Tanto nuestro Señor Jesucristo como los autores del Nuevo Testamento enseñaron la unidad de las Escrituras y la iglesia ha mantenido ese mismo testimonio a través de los siglos. Sin embargo, la presión siempre ha sido ejercida en este aspecto desde los días de Marción y los gnósticos. El testimonio del Antiguo Testamento puede ser minimizado de distintas maneras. Un cierto tipo de criticismo bíblico ignora o relativiza las enseñanzas y prácticas del Antiguo Testamento como una forma de desarrollo religioso ya pasado de moda. Por supuesto que en este caso, el Nuevo Testamento puede padecer el mismo problema cuando arrogantemente –e irónicamente- es comparado con los logros y la conducta del pensamiento moderno. Sin embargo, aquellos que resisten estos criticismos extremos pueden fácilmente caer víctimas de los Dispensacionalistas o de ciertas personas que abogan por una revelación progresiva, quienes ven en el Antiguo Testamento y a menudo en el Nuevo Testamento, palabras de Dios que no tienen una relevancia directa para la iglesia, o para el periodo final de revelación y consecuentemente, tampoco lo tienen para los creyentes de hoy. En esta conexión, es interesante ver que los Anabaptistas quienes fueron los precursores en el siglo XVI de los Bautistas modernos, tuvieron una marcada tendencia a menospreciar el Antiguo Testamento y a destruir la unidad apropiada de las Escrituras, excepto sobre la base de una espiritualización total. Aún algunos quienes no tienen cual ningún deseo de transitar por la senda del racionalismo, del Dispensacionalismo o de la revelación progresiva, pueden algunas veces poner tal énfasis en las diferencias entre la ley y el evangelio que pueden perder de vista la gran unidad de la Palabra y propósitos divinos”. (Geoffrey W. Bromiley, “Children of Promise”, p. 13, Eerdmans 1979).
¿Cómo debemos interpretar entonces el Nuevo Testamento?
Si tomamos el Nuevo Testamento como algo completamente separado del Antiguo, tal como muchos creyentes lo hacen, lo más probable es que caeremos en serios errores tal como Marción y muchos otros lo han hecho a lo largo de la historia. Por lo tanto, el Nuevo Testamento debe ser siempre interpretado tomando en cuenta la base sobre la cual éste descansa: el Antiguo Testamento. No debemos acercarnos al Nuevo Testamento como si fuera un libro completamente independiente del Antiguo, pues al hacerlo, podemos llegar a conclusiones completamente equivocadas. Robert R. Booth nos comenta en qué consiste esto:
“Debemos rechazar cualquier sugerencia de comenzar nuestro estudio de cualquier doctrina con el Nuevo Testamento por sí solo. Esto es verdad por dos importantes razones. Primero, El Nuevo Testamento puede ser interpretado apropiadamente solo en el contexto del Antiguo Testamento. Tanto el texto mismo del Antiguo Testamento como la cultura que lo produjo, proveen el fundamento para comprender cómo aquellos quienes recibieron por primera vez el Nuevo Testamento habrían entendido sus enseñanzas. Dios ha preservado un registro escrito e inspirado tanto de la historia de la redención como de las experiencias históricas de su pueblo. Estos no son puntos menores que pueden ser ignorados o dejados de lado si es que vamos a llegar a un entendimiento correcto de cualquier doctrina. Ningún relato (o versículo) de las Escrituras se encuentra aislado de todos los demás –todos ellos se encuentran relacionados y tienen un impacto el uno sobre el otro-. Por lo tanto, no debemos apresurarnos al Nuevo Testamento con una concordancia en mano y presumir que tenemos todas las herramientas y la información necesaria para llegar a una acertada conclusión acerca de cualquier doctrina.
Una segunda razón por la que no debemos comenzar con el Nuevo Testamento, es que las doctrinas del Nuevo Testamento tienen sus raíces en el Antiguo Testamento. Cuando leemos en Gálatas 3:29 que nosotros somos “hijos de Abraham” y “herederos según la promesa”, somos llevados inmediatamente al libro de Génesis para poder comprender lo que se afirma. Cuando leemos en Filipenses 3:3 que nosotros somos “la verdadera circuncisión” debemos ir al Antiguo Testamento para poder descubrir lo que era la circuncisión y la función que desempeñaba. Cuando leemos en Romanos 15:8 que Cristo vino para “confirmar las promesas hechas a los padres”, o cuando leemos en Efesios 2:12 que los gentiles “estaban alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa” es solo en el Antiguo Testamento que podemos descubrir el fundamento para estas enseñanzas….El Nuevo Testamento nos conduce inmediatamente al Antiguo Testamento cuando intentamos entender las doctrinas de la creación, del pecado, de la redención, del sacrificio de Cristo; la expiación, el sacerdocio, la disciplina en la iglesia, la cena del Señor, el matrimonio, el divorcio, las familias, los pactos, el juicio, el cielo y muchos temas más”. (Robert R. Booth, “Children of the Promise”, ps. 20, 21; P&R 1995).
Resumiendo este primer argumento, podemos decir entonces que todas las doctrinas bíblicas tales como: el pecado original, la fe, la gracia, la justificación, la redención, la santificación, el bautismo, etc., no deben ser estudiadas únicamente en el Nuevo Testamento, sino tomando en cuenta también lo que el Antiguo Testamento nos enseña sobre dicha doctrina y las bases que establece para tales doctrinas. Esto debe ser algo en lo que todos deberíamos estar de acuerdo sin importar cual sea nuestra respectiva postura sobre el bautismo.
Daviel D’Paz